04 - Diciembre 2001. Sentido y sensibilidad         

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Boletín Salesiano

12/01

Creer o no creer

Siro López

Boletín Encomún

12/01

Valor y sentido del cuerpo

Juan Pedro Castellano

Noticias Ecuménicas

12/01

Mensaje de Navidad 2001 del Consejo Ecuménico de las Iglesias. CEI

Konrad Raiser

La Vanguardia

11/12/01

Contra Dios, a los tres meses del 11-S

José Ignacio González Faus

ECLESALIA

22/12/01

El trabajo en salud y la esperanza

Leonardo Belderrain

ECLESALIA

30/12/01

El mundo vuelve a empezar

Pedro Casaldáliga

Boletín Salesiano, diciembre de 2001

CREER O NO CREER

SIRO LÓPEZ

He de reconocer que con el paso del tiempo soy cada vez menos creyente. En el día a día voy constatando y descubriendo aspectos en los que no creo, realidades que me hacen daño, ideologías perfumadas con incienso que me provocan náuseas.

Pero también he de reconocer que Dios me ha desordenado la vida, que cuando soy consciente de su presencia se me saltan las lágrimas y que no puedo vivir sin él pues es el único que me llena.

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Boletín ENCOMÚN, diciembre de 2001

VALOR Y SENTIDO DEL CUERPO

"Y vio Dios que era bueno"

JUAN PEDRO CASTELLANO

MADRID.

La bondad del cuerpo queda declarada desde el mismo momento de su creación: Y vio Dios que era bueno (Gen 1, 31).

Desde entonces el cuerpo humano se convierte en tarea humana: es el lugar donde cada uno debe realizarse humanamente. Toda virtualidad humana, para actuarse y realizarse, debe expresarse en el cuerpo visible: las ideas, el amor, los sentimientos, las decisiones, necesitan expresarse en el cuerpo para llegar a ser realmente humanas. Se podría decir que, de algún modo, el cuerpo es el sacramento del hombre, en cuanto que actúa y realiza una realidad invisible a través de su expresión visible.

Si el plan de Dios es un plan de totalidad, hay que contar con todo y formarnos la idea de que, por aparentemente no espiritual que parezca, el cuerpo, el sistema nervioso, el cerebro, nuestros miembros, son nuestra posibilidad de respuesta a Dios. Disponernos a realizar el plan de Dios en nosotros no es otra cosa que disponer de todas las dimensiones de nuestra persona e integrarlas.

Tanto para el pensamiento judío como para el Nuevo Testamento, el cuerpo representa la inserción en la familia humana. El destino presente y futuro del individuo está ligado a los diferentes cuerpos sociales cuya existencia misma lo hace a la vez dependiente, solidario y responsable. Es imposible salvarse solo.

El mismo Cristo Jesús predicó con toda claridad, siguiendo la gran tradición del profetismo del Antiguo Testamento, que el auténtico amor a Dios no es posible sin una clara expresión y concreción en el amor al prójimo.

Puesto que todo hombre está ordenado constitutivamente para los demás -situación radical humana, que queda revalorizada por Cristo y plasmada y realizada en la comunidad cristiana- el cuerpo es también fundamentalmente el lugar de la comunicación y de la comunión con los otros hombres. El cuerpo es presencia en el mundo de los hombres.

El Dios cristiano es un Dios que habla. Su palabra es una fuerza que conduce la historia y decide el destino del mundo desde su comienzo hasta el final. Parte de la Palabra creadora (Genesis), hasta que se cumpla lo que Dios ha dicho (Ap. 17, 17), al final de los tiempos. Es a la vez palabra y acción de Dios, mediante las cuales El gratuitamente se dirige al hombre en la historia, a todo el hombre, en su realidad global. La eficacia, la sensibilidad, la misma inteligencia de la Palabra son acogidas y expresadas por el cuerpo, que se convierte en la realidad en la que se encarna la Palabra de Dios.

El gesto es el mensajero de nuestras vivencias, el signo que convierte en símbolo al cuerpo.

Cuando movemos el cuerpo al ritmo que marcan nuestros sentimientos lo convertimos en Palabra viva y mensajera de nuestra fe compartida con los cristianos. Necesitamos expresarnos corporalmente para dar énfasis a nuestro contenido de comunicación y para dar unidad a lo que nos inunda en totalidad: la fe.

Dios, al encarnarse en nuestra condición, realiza una maravillosa síntesis entre el lenguaje divino y el lenguaje humano, hace de nuestra realidad humana su propio lugar de revelación, convirtiendo nuestro cuerpo en esa realidad mediadora donde acontece la Palabra de Dios. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, hecho uno como nosotros, participando enteramente en la condición humana, excepto en el pecado (hb 4, 15). En El, como afirma la carta a los Colosenses (2,9) reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad.

En Jesús su servir y dar la vida se verifica, se desarrolla y madura, a través de su propio cuerpo y se concreta en la comunicación: palabras y gestos. La plenitud de toda esta expresión, de toda esta libre espontaneidad, de esta comunicación está en el amor, en la entrega de sí mismo hasta la muerte y muerte de cruz (Filp. 2, 8). Y todo su ser queda glorificado en la resurrección.

A la luz de su Encarnación, Muerte y Resurrección, captamos plenamente nuestro ser humano como cuerpo que se espiritualiza, se personaliza o como espíritu que se encarna, se corporaliza. La tarea del hombre, como ser dinámico, consiste en hacerse cada vez más cuerpo, más relación con Dios y con los hombres.

Sin el cuerpo, toda nuestra espiritualidad cristiana corre el riesgo de ser ingenua, angelical, incluso difícil de ser captada y comprendida, puesto que no se puede dar una religiosidad de la persona sin ser persona del todo, capaz de admirarse, de acoger, de agradecer, de pasmarse ante el símbolo, de celebrar con hondura y regocijo la fiesta.

Expresarse es mostrar lo que se lleva dentro, tanto a nivel de ideas como de afectos y sentimientos. Los contenidos de la fe sirven de contenido expresivo, si bien necesitan del símbolo para expresarse. Encontrar la correspondencia entre los símbolos profundos que duermen en el hombre y las expresiones actuales del cristianismo, que se han convertido poco a poco en una superestructura, es el reto que el mundo actual presenta a la fe cristiana.

La expresión conlleva un doble dinamismo: por un lado, supone el encuentro de la persona consigo misma, con su realidad más profunda; y por otro, un salir de sí mismo para acercarse a los otros, para encontrarse con ellos, para comunicarse.

Ahora bien, todo estilo de vida nace de las opciones de fondo que previamente ha hecho la persona. Para el hombre creyente una de las opciones de fondo es la fe. Opción por un Dios experimental dentro de la realidad y que en última y definitiva instancia determina las actitudes tendentes a construir un tipo determinado de hombre, de historia y de sociedad. La pregunta por la fe de una persona es buscar la experiencia de Dios que hay en el origen de su opción como creyente y el camino para encontrar la respuesta, el análisis de su estilo de vida.

Por ser la fe una de las vivencias humanas más indefinibles, precisamente por su hondura y complejidad, el lenguaje más adecuado para expresarla es el lenguaje simbólico. Los términos abiertos de está forma de expresión insinúan, una realidad que se nos escapa. Es el hombre, el que expresa al expresar su fe, y, al hacerlo, no puede prescindir del cuerpo, su órgano de expresión. Su cuerpo, su gesto, es un lenguaje, el lenguaje simbólico más expresivo, y el más trasparente, por ser el que más se resiste a la manipulación y el que mejor la desvela.

El creyente que interpreta la expresión de la fe sabe, vitalmente, que esa expresión responde a una experiencia común, y como tal surge una comunidad de sentido. La expresión de la fe y la interpretación de esa expresión como experiencia común, crean una comunidad de fe, en esa comunidad creyente cada uno expresa lo que es suyo, su propia fe personal, y todos quedan vinculados en un hallazgo común más allá de la vivencia y del horizonte de cada uno.

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Noticias Ecuménicas, diciembre de 2001

MENSAJE DE NAVIDAD 2001 DEL CONSEJO ECUMÉNICO DE LAS IGLESIAS. CEI

KONRAD RAISER. Secretario General del CEI

Vivimos en un mundo sin misericordia, donde más y más personas sienten que su vida no tiene salida. El tiempo y el dinero ejercen un dominio despiadado. El secreto de su poder es su escasez. Tiempo es dinero se dice. Los que tienen mucho dinero nunca tienen tiempo, y los pobres tienen tiempo, quizás, pero no tienen dinero. Sin embargo, necesitan dinero para poder vivir, piden préstamos y, por último, se ven atrapados en la garra implacable de la deuda.

Se nos dice que en un mundo de escasez, la competencia es el mejor camino para obtener más. La competencia obedece a la regla despiadada de ganadores y perdedores. Como tiempo y dinero son escasos, el que corre más rápido o puede ofrecer un mejor precio gana. Los que son demasiado lentos o tienen poco para ofrecer son eliminados de la carrera: excluidos. En un mundo de competencia no es mucho lo que se puede hacer para protegerlos.

Cuando es el dinero quien manda, casi todo se vuelve escaso. Cuando el poder puede comprarse, e incluso la justicia, queda poco para los pobres. En este caso también sólo hay ganadores y perdedores. Cuando existe la supremacía del dinero, hasta el imperativo de la justicia pasa a ser un factor costoso. Los poderosos se cuidan bien de pedir disculpas por injusticias cometidas, pues temen que se reivindique una compensación monetaria. En cuanto a los que no tienen nada que perder, en casos extremos pueden optar por la violencia a fin de llamar la atención y de hacer valer sus derechos, aunque a costa de represalias despiadadas.

Es en este mundo sin misericordia donde «la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad» [Tito 2:11]. Es el mismo Dios que encontró Moisés: «Dios fuerte y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad» [Éxodo 34:6] y al que alaba el salmista como el que «no ha hecho con nosotros conforme a nuestras maldades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados» [Salmo 103:10]. Dios vino al mundo para vivir entre nosotros y liberarnos de la regla despiadada de ganar o perder, del yugo de la competencia y la escasez.

He aquí el mensaje de Navidad: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre. (...) De su plenitud recibimos todos y gracia sobre gracia» [Juan 1 : 14,16].

Nuestro mundo no podrá ser redimido por la competencia desenfrenada frente a la escasez, sino por gracia y misericordia. La gracia de Dios que es su verdadero ser tomó forma humana en Jesucristo. La gracia de Dios está por encima de la ley de la escasez, y quiebra la dinámica despiadada de las represalias. Dios no nos juzga según nuestros resultados, nuestro valor o nuestro poder. Dios da y perdona con generosidad, sin contar, y ofrece vida en abundancia [Juan 10: 10], sobre todo para quienes son perdedores en nuestro mundo sin misericordia.

¡Que en esta Navidad recibamos todos de su plenitud «gracia sobre gracia»!

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La Vanguardia, 11 de diciembre de 2001

CONTRA DIOS, A LOS TRES MESES DEL 11-S

JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS, responsable académico de Cristianisme i Justícia

El tiempo corre que es un primor, y ya van tres meses del 11-S. Puede ser momento de retomar y comentar, ahora ya sin pasión, una de las reacciones que la barbarie suscitó: desde el maestro Saramago hasta el señor Morán, en este diario, un coro de voces señaló a Dios como culpable de esas atrocidades. En Su Nombre matan unos y bombardean otros. ¿Se me permiten dos palabras de comentario a esta cruzada?

1. Efectivamente, un gran creyente judío de este siglo escribió que no hay en la historia humana palabra peor usada ni en cuyo Nombre se hayan cometido mayores atrocidades que la palabra Dios. Pero la razón de esto no la ponía en Dios, sino en esa insensata pasión humana de apropiarse de lo más grande en beneficio de los propios egoísmos. De hecho, podría hacerse un argumento semejante al de Morán y Saramago, no utilizando la palabra Dios, sino cualquiera de las grandes palabras humanas: la justicia, el amor o la libertad "en cuyo nombre se cometen tantos crímenes". ¿Hay que renunciar entonces a las grandes causas humanas, porque en su nombre se hacen las mayores barbaries humanas?

Manipular a Dios en beneficio propio es, sin duda, la gran tentación de toda religiosidad, y aquí tiene razón Saramago. Pero el problema es que eso no decide sobre el valor del objeto, como no decide sobre el valor de la patria el hecho de que existan patriotas etarras, ni sobre el valor del sexo el hecho de que existan proxenetas o pederastas o excursiones para abusar de niños a paraísos del Tercer Mundo. Con cualquier ejemplo siempre llegaríamos a la misma conclusión: el mal no está en las realidades, sino en las personas. En el uso que los humanos hacemos de todas esas realidades, llámeselas Dios, o patria o libertad o amor. ¿Cuesta tanto entender que la reacción desproporcionada de Estados Unidos no está movida ni por una fe en Dios, ni por el dolor ante la muerte de inocentes ni por afán de justicia, sino por la humillación que supuso la barbarie del 11-S para el país que se creía el más seguro de la Tierra? ¿O habrá que concluir que Stalin y Hitler creían en Dios, vistas las barbaries que cometieron?

El argumento es tan flojo que Saramago modificaba al final su discurso, distinguiendo entre "Dios" y "el factor Dios". Este segundo sería el verdadero culpable, más que el primero. Gracias, maestro. Pero déjame añadir que lo que tú calificas de "factor Dios" es lo mismo que la tradición bíblica calificó siempre de "idolatría", afirmando además que el mayor enemigo de Dios no es el ateísmo, sino la idolatría (el factor Dios), y que los ídolos son siempre dioses de muerte.

2. Valgan estas reflexiones para los hermanos ateos. Los cristianos, en lugar de escandalizarse de ellos, deberían recordar las duras palabras de san Pablo e Isaías a los creyentes: "Por culpa vuestra es maltratado el nombre de Dios entre las gentes". En efecto: mucho antes de Saramago, de Morán, Marx, Freud o Nietzsche, la crítica más radical de la religión está en las páginas del Nuevo Testamento y en sus dos figuras más decisivas: Pablo y Jesús de Nazaret.

Para san Pablo, el drama radical del ser humano está en la necesidad inconsciente de ser dios (es decir: alguien cuya existencia se justifica por sí misma, y que no tiene que dar cuenta de sí mismo a nadie). Unos buscan eso eliminando a Dios para ponerse en su lugar y erigir sus deseos en ley de la realidad. El ejemplo más clásico de ello lo tenemos hoy en esa idolatría pagana del mercado, que ha convertido el afán primermundista de riqueza en ley de todas las relaciones humanas. Pero tras esa crítica sigue Pablo, volviéndose al creyente: "Tú eres igual". Te pones también en el lugar de Dios cuando te sientes superior al no creyente y "juzgas" a tu hermano. Pues juzgar es una acción que sólo le toca a Dios ("Tú no puedes juzgar a tu hermano porque él ya tiene un Señor", escribe Pablo). El mejor ejemplo de esto es hoy esa mentalidad de "nuestra superioridad moral" que hace que todos nuestros terrorismos sean "guerras justas" y los de nuestros enemigos sean crímenes contra la humanidad. Espléndido ejemplo de lo que Saramago llamaba "el factor Dios", y que sigue vigente hoy, aunque ya desconozcamos la terminología paulina de "la justificación" del hombre.

Para Jesús, el mayor creyente y el mayor crítico de la religión, las supuestas obras buenas de los creyentes muchas veces no les sirven para tener un corazón bueno, sino para tener un corazón duro e inhumano.

Aún más seria es la afirmación de Jesús: "Llegarán momentos en que los que os maten creerán hacer un servicio a Dios. Y esto será porque no han conocido a Dios". Quienes mataron al Hijo de Dios lo hicieron también en Nombre de Dios, y creían hacer un servicio a Dios. Como lo creen hoy las coaliciones euroamericana e islámica. La clave del asunto está para Jesús en esa distinción fundamental entre afirmar a Dios, invocarle, ponerlo en nuestros dólares o en nuestros himnos, todo eso que es obra no de Dios, sino del "factor Dios", por un lado. Y por el otro lado "conocer a Dios", que es algo muy distinto de la mera profesión verbal de su nombre. Efectos de ese conocer a Dios pueden ser la mística sufí, la poesía de Juan de la Cruz, Francisco de Asís y otros que ya no caben aquí, pero que los autores citados debieron evocar también, para argumentar con un poco más de rigor.

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ECLESALIA, 22 de diciembre de 2001

EL TRABAJO EN SALUD Y LA ESPERANZA: La metáfora de la Navidad

LEONARDO BELDERRAIN

ARGENTINA.

"El mito del génesis de cara a la situación de Adán revela de modo patético la situación existencial del alma humana. El hombre y todos los hombres en el fondo tienen dos caminos: confiar en Dios, o procurar ser omnipotentes y sumarse a todas las tediosas luchas de los que buscan ser tratados como 'divinos' ".

Eugen Drewermann

Para la sabiduría de orientación judeocristiana la esperanza de la que somos testigos está arraigada en la tierra de la realidad cotidiana, para que de allí germine y de frutos para que todo hombre o mujer, niño o niña, joven o anciano sienta que Dios está cerca de cada uno y de todos" "Testigos de Esperanza" (1 Pedro 3. 15).

Desde esa perspectiva la Esperanza no es pasividad, resignación ni fatalismo. Algo de la realidad lleva a optar por la vida, nos confirma su interés por ella y nos asegura que la solidaridad, la esperanza, el amor, la justicia y la paz no son sólo utopía".

En la actualidad existe una fuerte tendencia en las capacitaciones en salud a prestarle sumo interés al estudio de la resiliencia de los agentes de salud. En el enfoque de resiliencia (tolerancia a la frustración) se trabaja desde lo que se tiene, no desde lo que falta. La resiliencia es más bien una fuente de inspiración para nuestra labor y nuestras vidas, un marco que autoriza una nueva interpretación y un nuevo aprendizaje de las propias vivencias. Para esta perspectiva un campo de trabajo bien específico y sumamente importante es la identificación de los llamados "factores protectores", es decir aquellos que favorecen las respuestas adecuadas a las situaciones de riesgo. Bien se ha dicho que "a iguales condiciones de pobreza del contexto socioeconómico y de los recursos institucionales de la escuela, hay escuelas que generan mayor calidad educativa que otras, o para decirlo en otros términos- son más resilientes. Estudiar las condiciones que fortalecen la resiliencia institucional de la escuela y personal de los alumnos es un insumo crítico para promover el mejoramiento de la calidad educativa y combatir el fracaso escolar en los contextos sociales más vulnerables.

Diversos estudios han demostrado que ciertos atributos de la persona tienen una asociación positiva con la posibilidad de ser resilientes. Estos son control de las emociones y los impulsos, autonomía, sentido del humor, alta autoestima, empatía, capacidad de comprensión y análisis de las situaciones, cierta competencia cognitiva y capacidad de atención y concentración"La identificación y sistematización de estas condiciones, junto con su difusión en medios educativos y la manera de descubrirlos, incentivarlos y promoverlos en los agentes de salud puede ser una estrategia muy adaptable en los sistemas locales de salud. Se equivocaría quien viera en la utilización de la resiliencia un mecanismo de aceptación del statu quo o un gatopardismo instrumentador. El enfoque de resiliencia se propone contemplar la vida como un proceso multifacético y no como un mecanismo determinista.

En algunos sectores de poder se ha generalizado una cultura autista sin temendamente vulnerarble al estallido social. En Argentina no falta la crítica a la priorización del pago de la deuda externa ni a la falta de aplicación de políticas sociales activas sosteniendo que "mientras la situación económica y social no tenga solución muchos inocentes seguirán sufriendo y muriendo a nuestro alrededor.

A escala mundial para alcanzar la paz la justicia, la equidad, el derecho, se usan métodos violentos que van desde el bioterrorismo, a la manipulación genética. Para paliar determinadas enfermedades algunos laboratorios presionan para que se haga una determinada línea de investigación. Existen huelgas en la que no se atiende a personas dolientes sumándoles mas desprotección. Asistimos además, a un agotamiento del profecional primermundista de " superioridad moral" que hace que todos nuestros terrorismos sean "guerras justas" y los de nuestros enemigos sean crímenes contra la humanidad. Desde el punto de vista bioético se esta desarrollando en relación a los grandes temas en salud una moral que no pone tanto énfasis en los fines y si en los medios. Muchos agentes de salud quieren atender a sus pacientes en la ancianidad con el mismo decoro que lo hacen hoy.

Rupert Sheldrake, doctor en bioquímica y ex investigador de la Royal Society en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, especialista en etología cognitiva, viene estudiando desde hace más de treinta años a los perros y sus parientes salvajes ancestrales descubriendo ciertas características del comportamiento animal, como el sentido de la dirección, la telepatía y la premonición, para las cuales la ciencia tradicional no tiene explicación satisfactoria

En su último libro, "Los perros saben cuándo volverán sus dueños", se ocupa de los campos mórficos.

Los campos mórficos se vinculan con los sistemas autorganizados. En el caso de los animales que viven en grupo, el campo mórfico contribuye a mantener unidos a los miembros del grupo y a coordinar su actividad. Por ejemplo, a veces vemos una bandada de aves que giran o describen un círculo todas al mismo tiempo; eso se debe a un fenómeno relacionado con el campo mórfico. No es que todas estén atentas para reproducir exactamente el movimiento de la que va adelante; las reacciones que manifiestan son demasiado rápidas como para que sea ésa la explicación. Responden a un campo colectivo. Y lo mismo ocurre con los cardúmenes de peces, las jaurías de perros o de lobos y, en verdad, con los grupos humanos.

Este autor ha estudiado a los coyotes y ha visto a menudo jaurías de lobos; un conjunto de ellos va detrás de los demás en un movimiento general muy fluido. Uno tiene la impresión de que lo que están haciendo no puede ser consecuencia de un pensamiento, es como si algo los impulsara. El mismo fenómeno se aprecia en las bandadas o cardúmenes, en los rebaños de gacelas o de ñandues azules que corren por las praderas africanas, sin chocarse unos con otros!

Un ciclista cuando está bajando una pendiente a 90 kilómetros por hora en medio del pelotón, si no es capaz de intuir los sutiles desplazamientos del grupo podría llegar a morir en un accidente. La única explicación posible es que existe algo telepático. Cada cual debe confiar mucho en los demás. A veces uno evita un accidente, y si alguien pregunta: "¿Cómo supo usted lo que debía hacer en ese instante?", no se tiene respuesta. ¡Lo hice sin pensar!

Tanto los grupos de animales sociales como los humanos están coordinados por los campos mórficos. Si un perro se liga a un ser humano, se crea también un campo mórfico. Puede parecer una manera extraña de referirse a los lazos sociales, pero "lazos" no es más que una palabra, una metáfora, mientras que el campo mórfico es una conexión real. Esto nos permite comprender por qué cuando el dueño del perro se va lejos, el lazo que lo une a él permanece y actúa como canal para la comunicación telepática. No esperaríamos que un lazo o vínculo operase a distancia. la hipótesis es que estos campos tienen efectos mensurables.

Pero la utilidad del concepto de campos mórficos radica en que relaciona estos fenómenos de las mascotas con una teoría más amplia sobre el comportamiento social, y con una teoría más amplia todavía acerca de los sistemas autorganizados en general, no sólo los grupos sociales.

Las personas tienen en verdad un impulso genético dirigido a conectarse con la naturaleza, pero la sociedad actual las ha apartado y separado del mundo natural. Nos sentimos desgarrados porque no podemos explicar esa conexión La ciencia apunta a desmenuzarlo y analizarlo todo, capa tras capa tras capa. Pero luego, cuando algún científico procura reordenar las partes en un sistema más amplio, se da cuenta de que no puede es muy difícil mostrar la evolución de estos campos mórficos

No hay motivos para suponer que no hubo una selección de la variación. Los biólogos, al hablar de la evolución buscan la variación individual. La capacidad de intuir o de formular predicciones telepáticas no se diferencia de la capacidad para correr ligero o para saltar alto.

Resultarán favorecidos los que tienen esa capacidad, que les confiere una enorme ventaja; los que se llevan por delante a los demás cuando corren a gran velocidad obviamente estarán en desventaja.

Hay una relación entre el sistema nervioso, el sistema inmunológico, el sistema endocrino y nuestra mente. Se ha comprobado por ejemplo que cuando la gente observaba por televisión a la Madre Teresa se fortalecía el sistema inmunológico de esas personas. En la Universidad de Stanford se hizo una investigación en la que pacientes con cáncer de mama fueron divididos en dos grupos: en un grupo, los pacientes tuvieron un contexto de apoyo y contención social, y en el otro, no. Como consecuencia, el primer grupo tuvo el doble de porcentaje de supervivencia con relación a los que no tenían ese apoyo. Lo que significa que los factores psicosociales y el apoyo emocional influyen en la evolución del cáncer. Fue un estudio muy bueno e interesante, pero debió suspenderse porque no era ético darle esa contención y ese apoyo a un grupo y no al otro.

En la recuperación de un suceso devastador, como la muerte de un ser querido o la pérdida del trabajo, o un recorte salarial parecería existir una oscilación espontánea entre negación a invasión.

Mardi Horowitz, el psiquiatra que enumeró los diversos tipos de invasión, plantea que, después de cada suceso importante, serio o grave de la vida, la invasión y la negación van y vienen, lo que sugiere la existencia de fases básicas de adecuación.

Tal como lo hiciera para la invasión, Horowitz presenta una larga nómina de tipos de negación, a saber:.

* Elusión de asociaciones, el acto de evitar las conexiones obvias y esperables que se desprenden de las implicancias de lo que se dice o piensa.

* Embotamiento, la sensación de no tener sentimiento alguno; emociones apropiadas que no son registradas.

* Achatamiento de la respuesta, una constricción de las reacciones emocionales esperables.

* Dilución de la atención, vaguedad o negativa de focalizar con claridad la información, que incluye pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas.

* Obnubilación, atención fuera de foco que empaña el alerta y elude el significado de los hechos.

* Pensamiento constreñido, la negativa de explorar otros significados que los obvios y visibles; reducción de la flexibilidad.

* Falta de memoria, incapacidad de recordar hechos o detalles; una amnesia selectiva frente a hechos elocuentes.

* Repudio, diciendo o pensando que los significados obvios no son reales.

* Bloqueo a través de la fantasía, evitando la realidad o sus implicancias a través de pensamientos fantasiosos de lo que podría haber sido o podría ser.

Opciones para interrumpir el estrés:

Si un suceso evaluado como un peligro puede ser reevaluado como no-peligro, el estrés no se instala. Una vez instalado, las opciones de manejo son externas -cambio de la situación para desactivar la amenaza que representa el suceso o internas, cómo paliar el estímulo del estrés. Si todo esto fracasa o no se implementa, el estrés puede conducir a enfermedades

El principio operativo que une a esas formas de negación es que todas ellas evidencian una manera de borrar de la conciencia un hecho conflictivo o preocupante. Estas tácticas son contraataques a las invasiones enumeradas previamente.

La negación y la invasión constituyen los dos aspectos de la atención.

Ninguno de ellos es saludable; ambos distorsionan la atención. Si bien las múltiples formas de negación no conducen a una evaluación más realista de lo que ocurre, pueden constituir poderosos antídotos para la ansiedad.

Lazarus equipara estas maniobras intrapsíquicas con la ingesta de drogas o de alcohol para aliviar la ansiedad. Todos son paliativos: reducen la ansiedad sin modificar para nada la situación percibida como peligro. Según Lazarus, se trata de una estrategia normal: "Hay muchas situaciones generadoras de grave estrés en la vida, en las que poco o nada se puede hacer para cambiarlas".

En estos casos, se está mejor si uno se limita a cuidar las propias emociones. El individuo sano siempre utiliza paliativos sin que ello tenga efectos negativos. Tomar un trago o consumir tranquilizantes son paliativos. También lo es la negación, la intelectualización y el evitar los pensamientos negativos.

Cuando esos paliativos no interfieren con medidas de adaptación, representan una gran ayuda.

Los paliativos son intrínsecamente gratificantes gracias al alivio que proporcionan a la angustia. Pero lo que es gratificante también resulta adictivo. Existen abundantes pruebas de que el paliativo elegido por un individuo, ya se trate de Valium o de whisky, puede ser adictivo. También hay maniobras mentales a las que recurrimos habitualmente para aliviar nuestras ansiedades personales.

El dolor y el placer están relacionados

Según investigadores del Hospital General de Massachusetts, EE.UU., el dolor y el placer estarían muy relacionados. Los expertos utilizaron una tecnología que permite ver diferentes áreas del cerebro y detectaron que ambas sensaciones activan los mismos circuitos. Aplicando calor en las palmas de las manos de los voluntarios, los expertos registraron que las temperaturas más desagradables no sólo activaban zonas cerebrales asociadas al dolor, sino que además áreas relacionadas con el circuito de la «recompensa» y que también son gatilladas por la cocaína, la comida y el dinero.

Los paliativos cognoscitivos caen, en general, dentro del espectro de lo que Freud describe como mecanismos de defensa. El poder de las defensas radica en su capacidad de desplazar la ansiedad. Como señala Lazarus, los paliativos son la norma; todas las personas normales los utilizan en cierta medida. Pero, como observó Freud, todas las personas normales también utilizan, hasta cierto grado, mecanismos de defensa.

Los paliativos mentales falsean nuestra capacidad de ver las cosas tal como son: es decir, verlas con lúcida atención. Cuando la ansiedad ha invadido la mente, aun cuando esté camuflada por hábiles maniobras mentales hay un costo en eficiencia mental que pagar. La negación compromete la integridad y concentración de la atención.

Creemos que la realidad esta en la comprensión de la convivencia, en darnos cuenta en todo momento de nuestro lenguaje, de nuestra conducta, del como tratamos a la gente, como consideramos a los demás porque en el comportamiento esta la rectitud y en esta la realidad.

Los verdaderamente religiosos, como dijera Krishnamurti, son aquellos que comprenden la vida, por lo tanto carecen de problemas y conflictos , no es que ellos no se vean perturbados, sino que comprenden la perturbación y no hay en ellos por lo tanto ningún proceso de encierro en si mismo creado por el proceso de seguridad.

Hace apenas poco tiempo que comenzamos a saber lo suficiente sobre la mente como procesador de información, como para comprender cómo operan la ansiedad y las defensas que levantamos para contenerla, así como el costo mental de este mecanismo. Para entender la magnitud de este costo, tenemos que analizar, en primer lugar, el modelo actual de la mente en funcionamiento. Sólo entonces podremos utilizar ese modelo para analizar el trueque entre ansiedad y atención, y el autoengaño que el mismo promueve.

La crisis y nuestro campo mórfico

En épocas de crisis es importante la solidaridad gremial pero si toda la energía se focaliza en reivindicar al propio sector o la propia persona perdiendo la polaridad especifica del acto medico que son los pacientes, el trabajo nos aliena por no respetar nuestro campo mórfico parte de la realidad. Para que la esperanza no sea alienante la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean. "Hay que tratar que la depresión de la economía no se convierta en una depresión personal, que es lo que hoy está sucediendo en la Argentina . No dejar que lo económico se adueñe de la pareja, la sexualidad, el diálogo con los amigos. Pero tampoco hay que acallar la bronca y el malestar; la bronca puede ser usada para destruir o para destruirse, pero también puede convertirse en ganas de que las cosas estén mejor... no perder la capacidad de soñar, que es lo que nos caracteriza como seres humanos." Las personas afectadas por patologías provocadas por la crisis no deben sumarse aislamiento. "Soy tonto, por eso no consigo trabajo o me enganchan con un plazo fijo". Así puede pensar una persona, pero asegura que hay que "encontrar puentes entre lo individual y lo social, que ninguno se trague al otro y que se comprenda que la situación es social no individual". El optar por acercarse a "redes sociales, como ONG, clubes, amigos" y aclaró, "no es un escape, sino un camino de subsistencia y de reorganización social".

Por eso tiene sentido hablar de micromilitancias y de redes de comunión solidaria, comité para la crisis. Pareciera que el mayor trabajo esta en conectarnos con nuestra esencia, ser el amor . Solo de esta forma pareciera que los condicionamientos se reubican. Ocupan pero no preocupan. Para esta nueva cultura el amor en cada uno de nosotros y entre nosotros es el único omnipotente.

La metáfora de la navidad y la curación del campo mórfico.

Quizá pocas metáforas ofrezcan tan alto nivel de significación el como el relato de la navidad.

En el símbolo pareciera que el poder de curación y liberación profunda germina en "lo profundo" de cada hombre:

1.             El hombre no puede experimentar ni expresar algo divino, a no ser con ayuda de las imágenes y de las formas arquetípicas que se hallan insertas en la Psique.

2.             Ninguna imagen de Dios es Dios, o crea a Dios, pero las imágenes que Dios ha insertado en el Alma son las únicas ventanas que hay en las paredes de nuestro mundo a través de las cuales puede llegar a nuestro interior, algo de luz de aquel otro mundo. Sólo en la percepción de las imágenes se conoce aquella luz llamada Dios.

3.             Relacionado esto con la persona de Jesús, es sólo el calor y la bondad que emanan de su persona las que despiertan aquellas imágenes en la que se representa al Rey, al Salvador, al Siervo de Dios, al Hijo de Dios, y las demás representaciones aplicadas a Jesús que se encuentran en el Evangelio.

Así, pues, aunque se lleven en el interior las semillas del auténtico conocimiento de Dios; estas sólo germinan y empiezan a crecer si les da la luz y el calor del sol que es Cristo. Estas imágenes encuentran su confirmación en la misma persona de Jesús de Nazaret, que es quien las proporciona.

Los hombres sólo tienen necesidad de aprender de nuevo el arte natural de soñar para encontrase psíquicamente a sí mismos, ya que, en el fondo, ¿qué otra cosa es la religión sino una manera de soñar natural en las imágenes eternas de la redención?". La revelación no consiste en comunicación de doctrinas o constatación de hechos externos realizados por Dios, sino en la "experiencia de una aceptación sin reservas, incondicional y total, mediante aquello que en el lenguaje que los teólogos llaman gracia". Los símbolos tienen su propia verdad, pero es una verdad humana, no histórica, en el sentido que comunmente se da a este término. Expresan una realidad interior verdadera, más real y más profunda que la que se encuentra en la historia. El nacimiento virginal debe pensarse más allá de lo biológico, quiere comunicar que el Hijo de Dios se hace Hombre.

La tumba vacía no habla de un cadáver que ha vuelto a la vida; afirma la identidad del Jesús terreno crucificado, con el Señor resucitado. Los hombres, tanto si son creyentes como si no, pueden llegar a descubrir que las imágenes representativas del anhelo profundo que anida en todo corazón humano pierden su perturbadora ambivalencia y su incerteza, causada por la angustia, si se convierten en esperanzada realidad tan pronto como el hombre se encuentra con Cristo.

Para nuestra cultura el que Dios privilegie a los pobres para manisfestarse, que se deje cuidar por los animales en la precariedad, el cuidado del campo morfico de José y María en la injusticia y en la opresión tienen un alto valor paradigmático. Ante un dios niño nadie puede tener vergüenza, se puede tutearlo, la misma vida deja de ser desafiante y nos invita a la ternura. Para algunos teólogos aunque no hubiese resucitado su nacimiento y su vida tienen alta significación moral, por el sentido de pertenencia que generan. Como señala Forcano

"El proyecto de Jesús revoluciona la sociedad en que vive. Su estilo de vida se sale de lo común. Dentro de una sociedad opresora y oprimida, actúa con una libertad sorprendente, pues se enfrenta con unas instituciones y costumbres esclavizantes. Anuncia una sociedad que va más allá de las fronteras de Israel; no se deja dominar por el legalismo ni el fariseismo; no cumple con ciertas prescripciones religiosas; se relaciona con gente de mala reputación, acepta a los paganos, denuncia a los dirigentes como hipócritas e inmorales; reprueba el nacionalismo fanático, toda práctica de marginación, la sumisión ciega a la ley, el culto alienante, y, lo más escandaloso; su proyecto liberador lo funda en una experiencia nueva de Dios, absolutamente chocante con la imagen que de Dios tenía la ideología religioso-política dominante".

Lógicamente, este hombre entra en conflicto, es mal visto, calumniado, perseguido y matado. Y, para colmo, este hombre resucita. No es un hombre cualquiera. Jesucristo, por su servicio salvífico a los hombres, por su existencia a favor del sufriente y por su muerte como expiación de los pecados, sigue siendoexperimentadocomo Redentor de la humanidad.

Además, desde su figura arquetípica, desde el calor que irradia su memoria viva, desde lo que significa para el inconsciente colectivo, ofrece una imagen para que cualquier hombre se reencuentre con su salud, con su propia naturaleza y con lo mejor que posee de sí mismo.

LA NAVIDAD: UN COMIENZO, UN ESTILO Y UN DESAFÍO.

Celebrar el comienzo de una vida así tiene sentido. Tanto que, después de 20 siglos, millones y millones de hombres y de mujeres, en todas las partes de la tierra lo siguen celebrando. Tiene sentido porque ya en el comienzo está contenido de alguna manera todo lo que iba a venir después: el Mesías prometido, el Salvador anunciado entra en la historia individual y colectiva.

Está claro que el significado de la Navidad se centra en Jesús de Nazaret . Jesús de Nazaret no es sólo una fecha, ni un individuo humano cualquiera, ni se identifica con lo que los cristianos hayamos podido hacer de Él a lo largo de la historia. En ese terreno, la Iglesia puede mostrar diversas direcciones y muy contradictorias realizaciones. Puede haber motivos para enorgullecerse y avergonzarse, para adherirse y desapuntarse, para loar a Dios y blasfemar de Él

La Navidad, entendida así, implica muchas más cosas que las que hoy celebramos. Es entendible que para muchos Jesús de Nazaret signifique vida, libertad, amor, justicia, opción por los pobres, fraternidad universal, Dios cercano y amigo nuestro, etc. Y, en consecuencia, solidaridad y amistad compartidas, reuniones en familia y con los amigos, pan dulce, sidra, música, alegría, pero como expresión de un nacimiento comunitario y exigencia de solidaridad y compromiso universal.

La vida de Jesús tiene un momento inicial, pero no se agota en ese momento ni se reduce a un día. Es un proyecto, un estilo de vida un arquetipo para celebrar la vida, un desafío. Se trata de curar la vida para reconciliarnos con ella El hombre sólo puede ser bueno en sentido moral si se halla en armonía consigo mismo, y sólo puede estarlo si consigue erradicar la angustia de su existencia mediante la fuerza sanante de la fe.

Un hombre desgarrado y divido a causa de la angustia, no puede tener más que una relación igualmente desgarrada y dividida respecto a sus semejantes.

El desgarro interior del hombre se proyecta internamente en el desgarro del mismo con la naturaleza. En la realización de todo milagro se desarrolla la confianza total en el hombre, en el sentido y en el valor de la vida. En los milagros existe una confianza ilimitada en Dios, pero también en los hombres, confianza que constituye el presupuesto de cualquier curación. Se trata también de una confianza en el sentido y valor de la vida, que constituye al mismo tiempo el fundamento que proporciona la seguridad de que no es vana la esperanza en el más allá. El verdadero milagro de la vida es el encuentro que sostiene más allá del tiempo hasta la eternidad.

En la curación del ciego Bartimeo. El dicapacitado suplica a Jesús, la oracion de cualquier hombre que se sienta pobre: "Te suplico el permiso de confiar nuevamente en mis propios ojos, que lo que encuentro que hay que odiar, pueda verlo como odioso; que lo que deseo amar, pueda considerarlo como digno de ser amado; que pueda confiar de nuevo en mi propia capacidad de conocer las cosas; que pueda desacostumbrarme al dominio de la angustia que determina en mí cómo debo considerar al mundo, cómo debo comportarme con los demás". La respuesta de Jesús es: "Vete, tu confianza te ha curado". Respecto al paralítico, a quien Jesús le perdona sus pecados, y después le concede la curación, afirma Drewermann: "El arte más grande consiste en saber acompañar a otros, hasta que finalmente ya no necesiten una autoridad impuesta y extraña para gobernarse a sí mismos y recuperar la confianza en la rectitud de su propia vida".Todo el difícil arte del perdón radica en concebir que alguien perciba que puede perdonarse, que puede estar de acuerdo consigo mismo, que puede realizarse, que tiene derechos sobre su confusa biografía. Los hombres sacan de su psiquismo las fuerzas necesarias para imponerse a las posibles distorsiones que padecen. Sin embargo, siempre también son ayudados por otros, siempre hay una mano que sabe despertar en su interior aquellas energías, aquella confianza que les pondrá en el camino de la salvación-curación. Como senala el esclavo del tema de Gieco

"Senora gracias por su pandulce y su vino mi papa me dara algo mejor me dira que Jesus es como yo, y yo con esto puedo seguir viviendo".

En el caso de los milagros evangélicos, el amor de Jesús es quien limpia el campo morfico, purifica la angustia y devuelve la confianza en la misma vida:

"La vida nos muerde y no nos suelta como Jacob al ángel, hasta que no la bendecimos. No vivimos sino que ella nos vive, con la fuerza persistente de las ratas y las cucarachas de los pobres, las minorías raciales y los enfermos crónicos. Esa sucia, vergonzante perseverancia, que ya no necesita de la esperanza para resistir, que se afianza contra toda razón sin importar el tiempo que debe aguardar y nos arrastra por el camino del progreso, nos vence de sueño en las noches de insomnio; nos hace volver a comer, volver al trabajo, en medio de la peor calamidad. Lo que tiene viva a la gente en los subsuelos cuando las bombas arrasan la superficie, o cuando sus casas son allanadas, lo que nos hace soportar el dolor del amor sin maldecirlo, lo que hace bailar a los niños después de la fiebre Esa fuerza es el tesoro oculto que se revela en un establo. Ni el oro, ni el incienso ni la mirra ofrendas de otro mundo, que refieren como puentes al mundo rico de las ciudades al mundo chispeante de los palacios, vale tanto como el frío y el desamparo que la dejan librada a su propio calor, a su propio poder, a la condición humana".

Si lo que nos ocupa hoy es la esperanza dejar hablar a la vida es custodiarla dejarla tremar y muchas veces, mamar la libertad, como dice Charly en inconsciente colectivo:

Mama la libertad.
Siempre la encontrarás dentro del corazón.
Te pueden corromper.
Te puedes olvidar. 
Pero ella siempre está.
Ayer soñe con los hambrientos,
los locos, los que se fueron,
los que estan en prisión.
Hoy desperte cantando esta canción
que ya fue escrita hace un tiempo atrás...

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ECLESALIA, 30 de diciembre de 2001

EL MUNDO VUELVE A EMPEZAR

Carta circular de 2001

PEDRO CASALDÁLIGA, Obispo

São Félix do Araguaia. BRASIL

Los comentarios –cautelosos o apocalípticos o clarividentes- acerca de la coyuntura proliferan, estos días, en los medios de comunicación. No voy a repetir "lo obvio aullante". El problema está en saber leer la coyuntura a la luz de los signos de los tiempos, descubriendo causas, intereses, "efectos colaterales", juegos de vida o muerte para la familia humana.

Los terrorismos, en plural

Creo, sin embargo, que a toda la Humanidad, y concretamente a la Iglesia, nos toca tomar nota de urgencia y asumir, corresponsablemente, los desafíos de esta hora.

Ha empezado un nuevo milenio, un tiempo nuevo, que llaman "un cambio de época". No tanto, precisamente, por las torres gemelas del 11 de septiembre; que hay muchos otros días, muchas torres, y muchos terrorismos, antes y después de ese 11 de septiembre. Cuatro terrorismos, sin duda, hay que destacar para entender y juzgar correctamente los actos terroristas y las guerras de terror, los terrorismos enloquecidos y las sistemáticas guerras imperiales. Hay un terrorismo individual, cometido por cualquier asaltante en cualquier esquina o vereda; otro terrorismo, grupal, perpetrado por cualquier facción; el terrorismo de Estado, que es a veces del Estado propio de cada país o de los prepotentes Estados imperialistas y colonizadores, sobre todo del más terrorista de todos ellos, a lo largo de los dos últimos siglos; y el terrorismo del Sistema, hoy de capitalismo neoliberal, que es el terror económico y social para la mayor parte de la Humanidad, sometida al hambre, a la marginación y al desespero.

Los desafíos de esta hora

Tres desafíos, concretamente, debe asumir con osadía profética y libertad evangélica la Iglesia de Jesús, para ser creíble y evangelizadora hoy:

-la descentralización mundializada

-la participación corresponsable

-el diálogo solidario.

La mundialización, por gracia de Dios y por el humano proceso de la historia, es "inevitable". Y esa mundialización exige el reconocimiento de los varios mundos como pueblos, culturas, religiones, dentro de un solo mundo humano; sin primero, sin tercero, sin cuarto. Ese reconocimiento reclama, para que sea real y no apenas escrito, la descentralización de las instancias de planificación y de decisión. Lo cual les debe ser exigido tanto a la ONU y demás organismos mundiales como a la Santa Sede y a las curias eclesiásticas. Solamente esta descentralización hará posible la participación corresponsable y efectiva de los varios pueblos y estamentos. Quien concretamente pide sólo la democratización de la Iglesia, está pidiendo muy poco. A la Iglesia hay que pedirle, y en la Iglesia debemos dar, más que democracia: vida fraterno-sororal, cogestión adulta, ministerialidad plural, libertad evangélica.

El muy probado teólogo Juan Antonio Estrada declara lúcidamente: «Hoy el catolicismo está lastrado con una institucionalización que ya no corresponde ni a las necesidades actuales, ni a las exigencias ecuménicas, ni a la sensibilidad de los fieles. Tampoco cuenta con el consenso global de la teología, ya que cada vez abundan más las corrientes y escuelas que impugnan el modelo vigente y proponen cambios desde un conocimiento renovado de la Escritura y de la Tradición».

A propósito de la participación adulta en la Iglesia, se acaba de celebrar el Sínodo dedicado al ministerio episcopal. Un sínodo que se suponía coronación de todo un serial de sínodos por temas y hasta por continentes. La verdad es que este último sínodo ha confirmado la decepción que el instrumento-sínodo viene provocando prácticamente desde su aplicación, por no ser deliberativo y decisorio. Me permito contestar fraternalmente la satisfacción que el cardenal Joseph Ratzinger manifestaba sobre el curso de los debates, en este último sínodo: "Se podía temer –dice el purpurado alemán- que el sínodo se bloquease en torno a las relaciones entre la curia romana y los obispos, sobre los poderes de la asamblea sinodal o la estructura de las conferencias continentales y nacionales, estrangulando de este modo la vida de la Iglesia". Lo que estrangula la vida de la Iglesia es, precisamente, señor cardenal, la falta de revisión a fondo de las relaciones entre la curia romana y los obispos, el modo de elección de los mismos, la restringida ministerialidad, la inculturación no efectuada, la problemática entera de la colegialidad y la corresponsabilidad. El que hayan sido tan pacíficas y concordes las sesiones sinodales podría deberse a la sistemática negativa de espacio oficial y a la omisión resignada de los participantes. Más para un "nostra culpa" que para un "Te Deum" de acción de gracias.

Afortunadamente, el Espíritu y la Iglesia continúan caminando; y las bases se mueven. La conciencia y la práctica de que "somos Iglesia" no es apenas un movimiento, es una "movimentación" a lo largo y ancho de toda la Iglesia de Jesús, que son las varias iglesias que profesan su nombre y anuncian su Reino. Nunca como hoy, en la práctica, y a veces forzando barreras, diferentes sectores de la Iglesia, y concretamente el laicado –masculino y femenino-, han sido tan libres y creativos, tan adultos y corresponsables en la lectura bíblica, en el pensamiento teológico, en la liturgia, en los ministerios, en las pastorales, en la acción social…

Están creciendo, en el mundo, un clamor y ya una acción en torno a un verdadero proceso conciliar. Que continúe y actualice y amplíe el Vaticano II; que responda a las grandes urgencias eclesiales y a las grandes expectativas de la Humanidad, hija de Dios.

Esa movilización de las bases se da también, en mayor escala, dentro de la Sociedad como un todo. Ya van siendo cada vez más los movimientos y acciones de ciudadanía, cooperación, solidaridad; los varios forums libres y alternativos a la economía, al pensamiento y a la política neoliberales, pasando de la simple contestación a la propuesta, de la impotencia a la convocación eficaz.

En esta hora kairós de mundialización y de madurez de conciencia, que es, simultáneamente, una hora nefasta de nuevas prepotencias, de macrodictaduras, de fundamentalismos y de radicalizaciones, se nos impone, como un don y como una conquista, el diálogo, interpersonal, intercultural, ecuménico y macroecuménico. Un diálogo de pensamientos, de palabras y de corazones. No la mera tolerancia, que se parece demasiado a la guerra fría, sino la convivencia cálida, la acogida, la complementariedad.

La caída de las torres debería ser también la caída de unas escamas que empañan los ojos del Occidente cristiano frente al mundo árabe y musulmán. Desde ese 11 de septiembre, traído y llevado como si fuese el mayor terrorismo de la historia, el Occidente, cristiano o no, está necesariamente obligado a reconocer que el mundo árabe y el Islam existen, y que el Islam congrega más de un billón de fieles de diferentes pueblos y culturas. Durante muchos siglos la Sociedad occidental y la Iglesia -demasiado occidental siempre- han sido prejuicio, hostilidad y guerra con el Oriente musulmán.

Nuestra Agenda Latinoamericana-Mundial de 2001 propone, precisamente, como gran tema de la hora, "las culturas en diálogo", y la Agenda’2003 propondrá, concretando ese tema, el diálogo interreligioso: "las religiones en paz dentro de sí y entre sí, para la paz del mundo"; y la Agenda’2004, si Dios nos concede aún tiempo de andadura, estará dedicada, con espíritu de conversión, a "nuestros respectivos fundamentalismos".

La campaña contra el Banco Mundial, realizada en Barcelona durante el pasado mes de junio, se estructuraba en torno a siete ejes de debate y acción, que abarcan ampliamente los mayores desafíos y prospectivas de esta hora:

• democracia, participación y represión
• derechos sociales y laborales
• migraciones
• derechos ecológicos, derechos ambientales, modelo agroalimentario
• globalización y militarismo
• mujer y globalización
• globalización y desarrollo.

Mística para el camino

Esos procesos de cambio, que son sueño y misión, reclaman de todos nosotros y nosotras, cristianos o no, una fuerte espiritualidad, una mística de vida. Cada cual la vivirá según la respectiva fe, pero sin esa espiritualidad no se hace camino. Pensando en ello, y a raíz del retiro espiritual que celebramos cada año, el equipo pastoral de la Prelatura, a orillas del Araguaia, en aquel cerro acogedor de Santa Terezinha, yo resumía así esa espiritualidad, tan nueva y tan antigua, como espiritualidad de:

Contemplación confiada. Abriéndose más gratuitamente al Dios Abbá, que es, por autodefinición suprema, misericordia, amor. Una contemplación, más necesaria que nunca en estos tiempos de eficiencias inmediatas y de visibilidades. Confiada, digo, porque tengo la impresión de que vuelve –o quizás nunca se fue- la religión del miedo, del castigo, de la prosperidad o del fracaso, según como uno se las haya con Dios. Nos falta, pues, confianza filial, infancia evangélica, la descontraída libertad de los pequeños del Reino.

Coherencia testimoniante. Ya se ha repetido hasta la saciedad que vivimos en la civilización de la imagen; que el mundo quiere «ver». El testimonio fue siempre una especie de definición del ser cristiano: "seréis mis testigos", decía Él por toda recomendación, por todo testamento. Y ese testimonio, hoy más que nunca, cuando todo se ve y todo se sabe, ha de ser coherente, sin fisuras, en la vida personal y en la gestión estructural de la Iglesia (que podrá ser una Iglesia católica o evangélica, el Vaticano, una diócesis, una congregación religiosa, una comunidad). Veracidad y transparencia pide el mundo, tan sometido a la mentira y a la corrupción.

Convivencia fraterno-sororal. A eso se reduce el mandamiento nuevo. Este es el mayor desafío, y el más cotidiano para las personas, para las comunidades, para los pueblos. Convivir, no coexistir apenas; convivir cariñosamente en fraternura y sororidad; no sólo en tolerancia mutua. Ayudar a hacer agradable la vida. Ser sal de la tierra debe de significar eso también…

Acogida gratuita y servicial. Capacidad de encuentro y de diaconía. No solamente bajarse del burro y atender al caído cuando por casualidad uno se lo encuentra a la orilla del camino, sino hacerse encontradizo. Acoger a veces sólo con una palabra o una sonrisa, pero acoger siempre, gratuitamente. Hacer de todos los ministerios y de todas las profesiones aquel servicio desinteresado y generoso que nos proponía el Señor que no vino a ser servido sino a servir. Es más fácil celebrar una Eucaristía ritual que ejercer el lavapiés comprometido.

Compromiso profético. Sigue siendo la hora y quizá más que nunca de comprometerse proféticamente contra el dios neoliberal de la muerte y la exclusión y a favor del Dios del Reino de la Vida y de la Liberación. Hay que sacar de la fe todo su jugo político. Hay que vivirla militantemente, transformadoramente. Hacer de la profecía una especie de hábito connatural -fruto específico del bautismo para los cristianos y cristianas- de denuncia, de anuncio, de consolación. La caridad sociopolítica es la forma de caridad más estructural. Va a las causas, no sólo a los efectos. Cuida la Vida. Transforma la Historia. Hace Reino.

Esperanza pascual. Después de "la muerte de Dios" y "la muerte de la Humanidad", en esa posmodernidad fácilmente sin sentido y ya en el "final de la historia", parece que la esperanza no tiene mucho que hacer. ¡Hoy más que nunca se impone la esperanza! Ella es la virtud de los "después de". "Contra toda esperanza" (productivista, consumista, inmediatista, pasiva), esperamos. Debemos proclamar humildemente pero sin complejos nuestra esperanza pascual y escatológica. Y debemos hacerla creíble aquí y ahora. Porque esperamos, actuamos. El tiempo y la historia son el espacio sacramental de la esperanza.

Aquí, en casa

Dentro de casa, en la prelatura de São Félix do Araguaia, 2002 significa un año de "transición". Oficialmente el último año de "mandato" (ojalá haya sido de servicio) del primer obispo de esta prelatura. Esto nos convoca a una revisión y también a afirmar, modesta pero conscientemente, las líneas fundamentales de nuestra pastoral. Después de varios años de experimentación acabamos de aprobar el "Manual da Prelatura de São Félix do Araguaia – Objetivo, Atitudes, Normas". Una especie de directorio espiritual y pastoral, breve pero denso, que recoge el objetivo de nuestra Iglesia, las actitudes mayores que debemos cultivar y una serie de normas que configuran la estructura y la acción de esta Iglesia particular de São Félix do Araguaia.

Desde luego, hacemos hincapié en recordar que obispo-viene-obispo-va, pero la Iglesia continúa. Soñamos, pues, con una continuidad, libre y creativa. El mismo Pueblo, el mismo Evangelio, el mismo Brasil de América Latina. La misma Iglesia de Jesús, que para nosotros también es la de Medellín…

Y la de los Mártires. En julio de 2001, los días 14 y 15, celebramos en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana, en Ribeirão Cascalheira, la gran romería aniversario de los 25 años del martirio del P. João Bosco Penido Burnier. Con el lema que resume esos sueños cristianos de nuestra pequeña Iglesia y de este obispo de capa caída: "Vidas por el Reino". El mantra que nos musicó Zé Vicente y que ya se canta por ese Brasil adentro, expresa sentidamente lo que con el lema queríamos decir:

"Vidas pela Vida, 
vidas pelo Reino,
todas as nossas vidas,
como as suas vidas,
como a vida d’Ele,
o mártir Jesus".

En la región de la Prelatura, como en todo Brasil, nos toca vivir un año de elecciones. Para presidente, gobernadores, senadores y diputados, federales y "estaduales". Los nombres y los dados están en el aire, y los intereses e intrigas también. Las fuerzas de derecha, las eternas oligarquías, la élite privilegiada y por eso mismo conservadora, conchaban, aparentemente divididas pero confluyendo en última instancia cuando se trate de asegurar el poder. Las derechas, por sus intereses, tienen el don de la unión; las izquierdas, por sus tendencias, tienen el nefasto carisma de la división. Así y todo, yo creo que ha crecido la conciencia política de nuestro pueblo, y la voluntad de cambio. La cruda realidad diaria, de desempleo, de carestía, de corrupción y violencia, grita. Hay mucho movimiento popular andando, muchas expresiones de ciudadanía y las pastorales sociales están arraigadas y activas en el país. Aunque debamos admitir que todavía, a la hora de votar un cambio más o menos radical, los pequeños no pueden y los grandes tienen el poder del dinero y de los medios de comunicación. Pero haga o no haga el pueblo presidente popular, votar es indispensable, y el pueblo puede hacer senadores y diputados. Ir transformando las asambleas legislativas y el congreso nacional es una de las mayores urgencias políticas de Brasil.

Hacia "una tierra sin males"

La Campaña de la Fraternidad de este año 2002 es una hermosa convocación a la lucha y a la esperanza. "Fraternidad y Pueblos Indígenas" es el tema. Con el lema del mito fundamental del pueblo guaraní: "Por una tierra sin males". Es mucho pedir, pero es lo que quiere Dios y es lo que necesitamos. Como recordábamos en la última Asamblea Nacional del CIMI (Consejo Indigenista Misionero), esa "Tierra sin males" ha de traducirse, sobre todo, en una "economía sin males", en una democracia sin los males del privilegio y de la exclusión, en una sociedad participativa, solidaria, libre y fraterna. En un mundo nuevo, que es posible y es necesario.

Que "el mundo vuelve a empezar" podrá sonar a mucha utopía. Y lo es. Pero con mucho fundamento. "Sabemos de Quién nos fiamos". El Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos (CEBI) adopta y adapta, en su última felicitación navideña, la palabra del matón arrepentido Riobaldo, para cantar "al niño nacido de María, que llena de esperanza el corazón de todos y nos lleva a proclamar: ¡Mi Señora Dueña! ¡Un niño ha nacido, el mundo ha vuelto a empezar!". En éstas, Riobaldo, el CEBI y esta carta circular están en línea con la promesa de Dios: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (Ap 21, 5).

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