ESPECIAL POR LA PAZ - Marzo, 2003.          

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ECLESALIA

08/03/03

¡NO A LA GUERRA!

VV.AA.

ECLESALIA

08/03/03

LA GUERRA ES UNA DERROTA PARA LA HUMANIDAD

José Alberto Idiáquez

ECLESALIA

08/03/03

POR LA PAZ... ESTA GUERRA ES EVITABLE

Foro Tender Puentes

ECLESALIA

08/03/03

¿CON QUÉ DERECHO?

Comunidad Santo Tomás de Aquino

ECLESALIA

08/03/03

LA CANCIÓN DE LA PAZ

Inmaculada Concepción Gutiérrez

ECLESALIA

18/03/03

DECLARACIÓN DE LAS IGLESIAS CONTRA LA GUERRA EN IRAQ

Consejo Mundial de Iglesias

ECLESALIA

22/03/03

NO A LA GUERRA EN NOMBRE DE DIOS

VV.AA.

ECLESALIA

23/03/03

NO HAY MARCHA ATRÁS, HAY QUE PREVENIR EL FUTURO

Manuel Batalla

ECLESALIA

24/03/03

"EN NOMBRE DE DIOS Y EN NOMBRE DE ESTE SUFRIDO PUEBLO"

Jon Sobrino

ECLESALIA

26/03/03

PARA ENTENDER UNA GUERRA "CASI" INEVITABLE

José Ignacio Calleja

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ECLESALIA, 3 de marzo de 2003

¡NO A LA GUERRA!

De las Iglesias de Jerusalén, Bagdad y Sarajevo

VV.AA. 23/02/03

"En esta hora de preocupación internacional, todos sentimos la necesidad de dirigirnos al Señor para implorar el gran don de la paz". Nosotros, pastores de la Iglesia cristiana que está en Jerusalén, en Sarajevo y en Irak hacemos nuestras estas angustiadas palabras del Papa, y juntos queremos unir nuestra voz a la suya para pedir que la paz, don de Dios, sea también buscada por todos los hombres y las mujeres de la tierra.

Nuestra voz es débil, pero queremos ser voz de nuestra gente, que ha sufrido y está sufriendo la guerra, opresiones e injusticias, y que vive en nuestras tierras, convertidas trágicamente en símbolo de sufrimiento no solo en los años pasados sino también hoy. No todas nuestras ciudades son santas, como Jerusalén, y ni siquiera son ciudades católicas; pero ciertamente son ciudades mártires.

Nosotros, que hemos vivido o estamos viviendo todavía la tragedia de la guerra, queremos decir al mundo entero, y de modo particular a los poderosos de la tierra: ¡no emprendáis el camino de la guerra, porque es un camino sin salida! La paz es el único camino que hay que recorrer, es la dirección obligatoria. No existe violencia ni terrorismo ni guerra que no comporte más violencia, odio, destrucción, sufrimiento y muerte. Cristo es nuestra paz. El Evangelio de la paz es el que debe iluminar nuestros corazones y guiar nuestras opciones para que sean de total rechazo de la violencia y de la guerra.

Nos dirigimos a todos, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, pero de modo especial nos dirigimos a quien tiene la responsabilidad y el poder para decidir el futuro, para que pueda hacer prevalecer el sentido común y el diálogo, recordando que "la guerra es una aventura sin retorno". Con el Papa, también nosotros decimos: "¡No a la guerra! La guerra es siempre un fracaso de la humanidad".

Si la guerra es destrucción y muerte, no menos trágicas son las consecuencias que inevitablemente comporta: divisiones, odios y muchos refugiados. Ante los ojos del mundo están aún los millones de refugiados y desplazados de Bosnia y de toda la ex Yugoslavia; y las condiciones insufribles de los palestinos, desplazados en su propia tierra o en tierra extraña. En caso de guerra, ¿cuántos serán los refugiados de Irak que se añadirán a quienes ya han buscado una esperanza de vida huyendo de aquella tierra, afligida desde hace demasiados años por la guerra y el embargo?

Sabemos que en todas partes del mundo están surgiendo encuentros de oración y momentos de reflexión y de diálogo civil y pacífico para invocar la paz. Para nosotros, eso es motivo de una gran esperanza, esperanza en el Dios que escucha siempre la plegaria de los pequeños, los pobres y los indefensos.

¡No nos dejéis solos, porque el mundo hoy tiene necesidad de construir esta esperanza!

Michel Sabbah, Patriarca Latino de Jerusalén. Presidente de Pax Christi Internacional.

Vinko Card. Puljic, Arzobispo de Sarajevo.

Raphael Bidawid, Patriarca de Babilonia de los Caldeos – Irak.

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ECLESALIA, 8 de marzo de 2003

LA GUERRA ES UNA DERROTA PARA LA HUMANIDAD

Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús

JOSÉ ALBERTO IDIÁQUEZ, Provincial. 19/02/03

SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

Nosotros, Jesuitas de la Provincia de Centroamérica, reunidos en Congregación Provincial, queremos manifestar lo siguiente.

1. El mundo vive en la más grave situación desde el final de la guerra fría. La razón es la amenaza del presidente George Bush de atacar a Iraq, un país soberano. De hecho se encuentran ya cerca de doscientos mil marines, estadounidenses en su mayoría, más algunos británicos y australianos. En el área se han hecho presentes cinco portaviones, centenares de aviones y barcos de guerra y miles de misiles. El hecho en sí mismo es sobrecogedor y ha puesto a la humanidad en un estado de miedo, indignación y desconfianza en su futuro. 

De desencadenarse la guerra, los daños humanos serían enormes. La Subsecretaría de Políticas Humanitarias de la ONU ha calculado medio millón de muertos o heridos graves, un millón de refugiados y dos millones de desplazados internos aproximadamente, es decir que sería afectado alrededor de un 15 % de la población iraquí, un escenario apocalíptico que incluiría desaparecidos, huérfanos y viudas, masivos incendios en pozos de petróleo y gas natural y el disparo de los precios mundiales con consecuencias imprevisiblemente funestas para la economía del mundo, especialmente del más empobrecido.

2. Estas desgracias expresan muchos otros daños: la muerte de la familia humana; el triunfo  no ya de la injusticia e inhumanidad, sino de la crueldad, la cual mata el alma del ser humano. Muestran el triunfo del engaño y la mentira, pues el gobierno de Estados Unidos y sus aliados no han podido probar la causa aducida para el ataque bélico: la existencia en número considerable de armas de destrucción masiva. Se encubre la verdad para justificar el mal. Como dice el evangelio de Juan: “el maligno es asesino y mentiroso”, y por ese orden. Muchos lemas visibles en las pancartas portadas en las manifestaciones mundiales del 15 de febrero mostraban la gran sospecha: “petróleo a cambio de sangre”, Otros aludían a la terrible necesidad de la industria militar de probar sus últimos productos cada cierto tiempo. Estas desgracias desvelan además el triunfo de la hipocresía, al acusar a Irak de no haber cumplido con los decretos de Naciones Unidas, cuando no lo ha hecho innumerables veces Israel y su protector incondicional, el gobierno de los Estados Unidos. Muestran el triunfo de la prepotencia al pretender decidir un gobierno y un Estado, por sí y ante sí, el destino del planeta, sin escuchar las voces de quienes, con buenas razones, piensan de manera diferente, y sobre todo las voces de las víctimas: los 23 millones de iraquíes. Muestran el triunfo de la deshumanización, al hacer que degenere la responsabilidad de una nación de muchos recursos en imposición, opresión y muerte

3. Uniéndonos a un clamor mundial, de millones de seres humanos, de diversas naciones, religiones e Iglesias condenamos cualquier ataque militar a Iraq,  así como los males mencionados que rodean a ese ataque. Las razones han sido ya explicadas por muchos. Desde el punto de vista del Derecho Internacional no se trata de un ataque legítimo. Desde el punto de vista ético y moral, la llamada guerra preventiva no tiene justificación, ciertamente en este caso, pues nada da a indicar que Irak pueda usar armamento prohibido por el derecho internacional en contra de Estados Unidos.

4. La razón más honda y cristiana sin embargo está en la inmisericorde crueldad que se infligiría contra un pueblo de 23 millones de habitantes que ha sufrido ya -también  de muchas maneras de parte de Saddam Hussein, sobre todo con la horrible masacre del pueblo kurdo- innumerables vejaciones: en la guerra de 1991 murieron alrededor de 100, 000 iraquíes; según datos de UNICEF en 1996 ya habían muerto medio millón de niños por causa del boicot a Iraq y de las consecuencias del uranio empobrecido (el número puede llegar ya a un millón). Esto es lo que ha denunciado y ha hecho central en su denuncia Juan Pablo II: “¿Qué decir de la amenaza de una guerra que podría golpear a la gente de Iraq, la tierra de los profetas, gente que ya ha sido tratada con severidad por más de 12 años de embargo?”. Para la conciencia humana y específicamente para la conciencia cristiana infligir daños injustos es maldad, e infligirlos a un pueblo sufrido como el iraquí es imperdonable crueldad.

5. Esa grave situación ha producido también una oleada de bienes.  Millones de seres humanos han despertado del sueño de insensibilidad y distanciamiento ante el dolor de las víctimas. Las manifestaciones de estos días en las grandes ciudades del mundo occidental han batido todos los records, y -aunque puedan confluir diversidad de intereses, su palabra ha sido clara: un no a la guerra, un no a la mentira, un no a la injusticia, un no a la crueldad. Muchos de ellos y de ellas se han remontado cristianamente a la parábola del buen samaritano, sin desentenderse de las víctimas como el sacerdote y el levita, y por supuesto, sin aliarse con los bandidos y salteadores. No quieren escuchar acusatoriamente las palabras de Dios “qué has hecho con tu hermano”. Muchos otros lo han hecho en nombre de otras religiones o de la vergüenza y dignidad humanas. Pero ahí está la reacción: contra crueldad compasión, contra mentira verdad, contra prepotencia una red mundial de solidaridad.

6. Como jesuitas y cristianos apreciamos también grandemente que en esta grave situación se haya dado el encuentro entre miembros del Cristianismo y del Islam. El encuentro entre el Cardenal Etchegaray y el presidente Saddam Hussein es todo un símbolo. El Dios de Jesús, a Quien confesamos, es el mismo Padre de cristianos y musulmanes y de toda la humanidad.  

7. Lo dijo Isaías y  lo han repetido los Papas de nuestro tiempo: “Opus justiae pax”, la paz es obra de la justicia. Lo más urgente es detener la guerra. Lo más necesario es propiciar la justicia. Se habla hoy macabramente de una “guerra preventiva”. Pero para “revertir la  historia”, como exigía nuestro mártir Ignacio Ellacuría, es necesario y urgente pasar a “la compasión, la misericordia, y la justicia preventiva”.  Por temor a desgracias incalculables, debemos parar la guerra. Por amor a las mayorías pobres debemos propiciar la justicia. El fruto será la paz y la familia humana, tan olvidada ésta en las visiones geopolíticas de turno.

8. Al escribir estas líneas, los jesuitas centroamericanos sabemos de lo que hablamos. Todavía en épocas recientes los pueblos centroamericanos han sufrido injusticia, guerras, desaparecidos, pobreza, mentira, desprecio, sometimiento,  y la crueldad que todo ello lleva consigo. En muchas ocasiones, responsable -o importantemente corresponsable- ha sido el gobierno de los Estados Unidos. Por eso,  comprendemos al pueblo iraquí, aunque vivamos tan lejos, como también comprendemos al pueblo de Afganistán, de la República Democrática del Congo, de Etiopía y Eritrea, y de Colombia, vecino nuestro, y a tantos pueblos sufrientes, silenciados, convertidos en no existentes, cuando su existencia no interesa al poder.

Por eso pedimos el fin de la guerra y el comienzo de la compasión y la justicia.  Mostramos nuestro agradecimiento y admiración a quienes luchan por ella en estos días, simbolizados en muchos seres humanos, sobre todo estadounidenses, que con su presencia física en Irak quieren defender de la crueldad a niños, mujeres y ancianos, y quieren mostrarles amor y fraternidad. Este no a la guerra por el que tantos millones han clamado en todo el mundo, tiene como sentido contribuir a quebrar la espiral de la violencia, como también lo ha afirmado el Papa Juan Pablo II hace pocas semanas: “La guerra es una derrota para la humanidad”.

En Centroamérica muchos hombres y mujeres han defendido al débil y lo han amado hasta el final. Ellos y ellas son nuestros mártires. También los de la Compañía de Jesús. Recogiendo su palabra humana y cristiana podemos proclamar en las palabras de Monseñor Romero, lo que hoy está en juego para Dios en Irak: “La gloria de Dios es que el pobre viva”. Esta es nuestra fe y nuestra esperanza. Y a ello nos comprometemos.

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ECLESALIA, 8 de marzo de 2003

POR LA PAZ... ESTA GUERRA ES EVITABLE

FORO TENDER PUENTES CRISTIANOS - IZQUIERDA 
ftenderpuentes@terra.es   

BURGOS.

La paz no es imposible, ni la guerra es inevitable. Pero ha de ser obra de muchos países. La Paz es un proceso, para resolver los problemas.

El motivo de esta guerra no es sólo el control del petróleo o el desarrollo armamentístico, sino que también busca colocar a los Estados Unidos por encima de la ley como gendarme universal.

Las enemistades no son eternas. En la última década otros conflictos han terminado por acuerdos o negociaciones. También ahora hay que aplicar una política transformadora de la realidad y de cooperación para buscar una solución aceptable que salvaguarde la paz.

Defendemos el respeto a la legalidad internacional y la necesidad de unas reglas de juego iguales para todos, dirigidas a salvar las diferencias y promover la cooperación. El desprecio a los Organismos Internacionales que ha manifestado la administración Bush, junto a sus indisimulados intereses económicos y su prepotencia, resultan de una obscenidad extrema.

Denunciamos que el gobierno español con su política, no ha escuchado el clamor popular contra esta guerra, ha roto el consenso nacional en política exterior y ha promovido una trascendental brecha en la cohesión de la Unión Europea. El alineamiento incondicional con la política imperial de Bush va a suponer un importante retroceso en la credibilidad internacional de España y en nuestras relaciones con Europa y con los Países Arabes.

Pedimos al gobierno español que en el Consejo de Seguridad de la ONU rechace la opción militar en Irak y no embarque a España en una guerra, ni aun con el respaldo de una segunda resolución de la ONU. Y le pedimos que actúe en todo momento a favor de una paz basada en la justicia, los derechos humanos y la libertad de los pueblos.

Nuestros problemas son de factura humana. Y, por tanto, pueden ser resueltos por el hombre y el hombre puede mostrar tanta grandeza como desee. Ningún problema de la suerte humana queda fuera de las posibilidades del hombre para resolverlo. La razón y el espíritu humano han resuelto frecuentemente lo que parecía insoluble y creemos que pueden hacerlo de nuevo.

Firmado: Foro “Tender Puentes cristianos – izquierda”: Mª Fernanda Blanco Linares, Mª Paz González Cristóbal, Luis Escribano Reinosa, Feliciano González García, Octavio Granado Martínez, Cristóbal Munguía Álvarez, Angel Olivares Ramírez, Mª José Pereda Reguera, Manuel Plaza de la Cuesta, Juan Carlos Rebollo González, Federico Sanz Díaz, Ventura Alonso Gómez.

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ECLESALIA, 8 de marzo de 2003

¿CON QUÉ DERECHO?

COMUNIDAD UNIVERSITARIA SANTO TOMÁS DE AQUINO

MADRID.

En 1511 pronunció Fray Antonio de Montesinos, ante el encomendero Bartolomé de las Casas, un sermón memorable que hizo cambiar a éste de oficio, y, a consecuencias de este cambio, dio un vuelco sustancial la historia posterior de la Conquista: “Con qué derecho y justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Estos no son hombres?”.

A cinco siglos de distancia, y ante la responsabilidad histórica de la previsible masacre del pueblo iraquí que nos va a echar encima el gobierno del PP metiéndonos en una guerra injusta, desproporcionada y dominada por la usura y la codicia, muchos de nosotros seguimos preguntándonos: “Con qué derecho y justicia? ¿Los iraquíes -a pesar de Sadam- no son hombres?

Si “al Rey corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra y hacer la paz” (Const. 63,3), ¿con qué derecho nos implica el Sr. Aznar (que es constitucionalmente de rango inferior al Rey) en la impresentable guerra de Bush sin la “autorización de las Cortes Generales”? No está el Sr. Aznar, al apoyar la “guerra preventiva en el Consejo de Seguridad de la ONU, apropiándose un derecho que no le ha dado el pueblo y que se sale de la legalidad constitucional?

Si el 94% de los españoles está en todos los supuestos en contra de esta guerra, ¿en nombre de quién se compromete este Gobierno? ¿Con qué legitimidad cuenta para involucrar en la guerra a un pueblo que abomina de ella? ¿ No tendría que pronunciarse expresamente en “referéndum” el pueblo ante este hecho mayor que excede su “delegación” para la política ordinaria?

Por otra parte, la Carta de las Naciones Unidas en su artículo 2 obliga a sus miembros a “abstenerse del recurso a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado” (art. 4) y a “arreglar sus controversias internacionales por medios pacíficos” (art. 3). Si los inspectores de la ONU no han podido probar la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, ¿con qué legalidad – superior a las razones económicas y estratégicas que todos conocemos- se hace esta guerra? Y si se llegara a “probar” la existencia de este tipo de armas en Irak, ¿estaría legitimada la actual ONU, tan sometida y tan parcial, para declararle la guerra? ¿Con qué clase de ética se puede apoyar EEUU en una resolución de la ONU a la que manipula y humilla siempre que sus intereses lo requieren?

¿Con qué derecho y justicia se puede someter y aniquilar a todo un pueblo por causa de un solo hombre despreciable, Sadam Husein? Desde el mismo Bush, cuyas manos están embarradas en la trampa y manchadas de sangre, hasta Sharon, Obian y un largo etc. ¿Con qué justicia se está discriminando entre amigo y enemigo, entre buenos y malos, entre pueblo y pueblo?

Nosotros, con el Evangelio en la mano, mantenemos que “no es necesario que muera todo un pueblo por un solo hombre” (Jn 18,14); que, ante la ostentosa fatuosidad de las guerras del imperio y sus asquerosos sobornos de pueblos enteros y de sus títeres gobernantes, es mejor “buscar la paz y correr tras ella” (1P 3,11), “calzando los pies con el celo por el Evangelio de la Paz (Ef 6,17).

Para una guerra que no cuenta con el derecho, ni la justicia, ni la misericordia, como reconoce el mismo Papa, y que se apoya en la fuerza, en la usura y el soborno, “que no cuenten con nosotros”.

Para contactar: Evaristo Villar (91.447.23.60), Pilar Ruiz (91.359.61.55), Luis Ibáñez (91. 474.50.62), Pilar Baleriola (91.549 48.80).

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ECLESALIA, 8 de marzo de 2003

LA CANCIÓN DE LA PAZ

INMACULADA CONCEPCIÓN GUTIÉRREZ, Mujeres y Teología

SEVILLA.

“¡Oh vosotros desconcertados en la oscuridad de la tierra!
Os basta la desgracia y la locura.
Coged, arrepentidos, los restos de vuestros muertos
y lamentaos con largueza sobre sus tumbas,
empapadlas con perfume,
envolved sus restos con la flor del nenúfar y el jazmín,
y gritad a su alrededor con la canción de la paz 
para que se tranquilice en la tumba todo el que esté triste.
Reunid a los niños pequeños
para que canten con las melodías de la claridad y la sonrisa.
Salvad a los muertos del tumulto de la guerra
para que sientan la belleza de la paz.”

Son versos tomados de la composición de la poetisa y pedadoga iraquí Nazik Sadek al-Malaica titulada “La canción de la paz”, un cántico que llegó a mí escrito en árabe en un momento mágico en el que conocer la existencia de esta mujer, sus palabras y su poesía fue toda una revelación, ya que, desgraciadamente, los anhelos que ella expresara allá por los convulsos años de la Segunda Guerra Mundial no han dejado de ser actuales, y hoy más que nunca quiero que su voz resuene ante la amenaza inminente que se cierne sobre su hermosa tierra natal ya tan pisoteada.

Cantemos, sí, cantemos la canción de la paz sobre las tumbas de tantas criaturas muertas durante estos años de bloqueo cual la nana amorosa con la que sus madres ya no podrán acunarles.

Cantémosla sobre los escombros que entierran los cuerpos de l@s que ya por no tener no tienen ni nombre pues se llaman “daños colaterales”.

Cantémosla sobre el dolor y el miedo que matan las esperanzas de todo un pueblo de vivir con la dignidad que dan la justicia y la libertad.

Cantémoslas sobre los cadáveres de los corazones de los que no conocen otro lenguaje que el de la violencia, de los que tienen la sangre tan negra como el petróleo.

Cantémosla desde los Derechos Humanos, desde el derecho a la vida, y vida en plenitud, del pueblo iraquí, desde las leyes del humanitarismo internacional que en el artículo 33 de la Convención de Ginebra prohíben el castigo colectivo como represalia especificando claramente que  “nadie puede ser sancionando por un delito que no haya  cometido”, ¿hasta cuando vamos a estar condenando con nuestra complicidad a inocentes?

Cantémosla y que nos salga la voz de las entrañas, cantémosla porque con su melodía resucitarán las fuerzas y se levantarán las ilusiones, cantémosla para que los novilunios en Bagdad se tornen bellas noches de misterio y no ocasiones para el ataque, para que vuelva Sherezade al jardín a contarnos cuentos de amor bajo la luz de las estrellas, y no historias del horror bajo el resplandor mortífero de los misiles.

Cantémosla mujeres y hombres que creemos que otro mundo es posible, quienes pensamos que siempre hay oportunidades para la paz porque estamos ya cansada@s de adorar a los ídolos cruentos del patriarcado con la inmolación de la sangre de tantos seres humanos.

NO A LA GUERRA,
NO EN NUESTRO NOMBRE,

NO CON NUESTRO SILENCIO

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ECLESALIA, 18 de marzo de 2003

DECLARACIÓN DE LAS IGLESIAS CONTRA LA GUERRA EN IRAQ

CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS

  1. Como dirigentes de iglesias seguimos sumamente preocupados por los constantes llamamientos a la acción militar contra Iraq por los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países europeos. Como personas de fe, nuestro amor al prójimo nos compele a oponernos a la guerra y a buscar soluciones pacíficas a los conflictos. Como iglesias, oramos por la paz y la libertad, la justicia y la seguridad de los pueblos de Iraq y de todo el Oriente Medio. Esta oración nos obliga a ser instrumentos de paz.
  2. Deploramos el hecho de que las naciones más poderosas de este mundo consideren de nuevo la guerra como un instrumento aceptable de política exterior. Esto crea una cultura internacional de temor, amenaza e inseguridad.
  3. No podemos aceptar los objetivos declarados de una guerra contra Iraq, tal como los exponen esos gobiernos, en particular el de los Estados Unidos. El ataque militar y la guerra preventivos como medio para cambiar el régimen de un estado soberano son inmorales y violan la Carta de las Naciones Unidas. Apelamos al Consejo de Seguridad para que apoye los principios de la Carta de las Naciones Unidas que limitan estrictamente el uso legítimo de la fuerza militar y se abstenga de crear un precedente negativo y de rebajar el umbral para el uso de medios violentos en la resolución de conflictos internacionales.
  4. Creemos que la fuerza militar es un medio inadecuado para conseguir el desarme de cualquier armamento iraquí de destrucción masiva. Insistimos en que se dé el tiempo necesario para que terminen su trabajo a los mecanismos cuidadosamente diseñados de inspecciones de armas de las Naciones Unidas.
  5. Todos los estados miembros de las Naciones Unidas tienen que cumplir las resoluciones vinculantes de aquella organización y resolver los conflictos por medios pacíficos. Iraq no puede ser una excepción. Instamos al Gobierno de Iraq a que destruya todas las armas de destrucción masiva y las correspondientes instalaciones de investigación y producción. Iraq debe cooperar plenamente con los inspectores de armas de las Naciones Unidas y garantizar el total respeto de los derechos humanos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todos sus ciudadanos. Hay que dar al pueblo de Iraq la esperanza de que existen alternativas tanto a la dictadura como a la guerra.
  6. Una guerra tendría consecuencias inaceptables desde la perspectiva humanitaria, tales como desplazamiento de personas en gran escala, quiebra de las funciones del estado, posibilidad de guerra civil y graves disturbios en toda la región. Las calamidades sufridas por los niños iraquíes y las muertes innecesarias de cientos de miles de iraquíes durante los últimos doce años del régimen de sanciones pesan fuertemente sobre nuestros corazones. En la situación actual, afirmamos con fuerza los permanentes principios humanitarios de acceso incondicional a las personas necesitadas.
  7. Alertamos además contra las consecuencias potenciales a largo plazo -sociales, culturales y religiosas, así como diplomáticas- de tal guerra. Atizar todavía más los fuegos de violencia que consumen ya la región no hará sino exacerbar el odio intenso fortaleciendo las ideologías extremistas y promoviendo más la inestabilidad y la inseguridad mundiales. Como dirigentes de iglesias tenemos la responsabilidad moral y pastoral de oponernos a la xenofobia en nuestros propios países y de disipar los temores de muchos en el mundo musulmán de que el llamado cristianismo occidental es contrario a su cultura, su religión y sus valores. Debemos buscar la cooperación para la paz, la justicia y la dignidad humana.
  8. Todos los gobiernos, en particular los miembros del Consejo de Seguridad, tienen la responsabilidad de considerar este asunto en toda su complejidad. No se han agotado todas las medidas pacíficas y diplomáticas para forzar a Iraq a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
  9. Para nosotros es una obligación espiritual, basada en el amor de Dios a toda la humanidad, pronunciarnos abiertamente contra la guerra en Iraq. Mediante este mensaje enviamos una fuerte señal de solidaridad y apoyo a las iglesias de Iraq, el Oriente Medio y los Estados Unidos de América. Pedimos a Dios que guíe a los responsables para que tomen decisiones basadas en cuidadosas reflexiones, principios morales y criterios legales sólidos. Invitamos a todas las iglesias a unirse a nosotros en este acto de testimonio y a alentar y orar por la participación de todos en la lucha por una solución pacífica de este conflicto.

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ECLESALIA, 22 de marzo de 2003

NO A LA GUERRA EN NOMBRE DE DIOS

ASOCIACIÓN ECUMÉNICA DE TEÓLOGOS DEL TERCER MUNDO y ASOCIACIÓN DE TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS JUAN XXIII

MADRID.

Los firmantes de esta declaración, teólogas y teólogos, apelamos al Dios de la Vida y de la Paz, de la Justicia y de la Tolerancia, de la Reconciliación y del Perdón, para expresar nuestra condena a la guerra contra Irak, nuestra denuncia de los responsables de la misma Bush, Blair y Aznar, y nuestro compromiso inequívoco de trabajar para que se detenga inmediatamente.

1. Con su ataque injustificado al pueblo irakí, Bush, Blair y Aznar, que se definen como creyentes en el Dios de Jesús de Nazaret, están transgrediendo el precepto divino “no matarás”. Sus manos están manchadas de sangre de inocentes, que clama al cielo. Se prevé una cifra de 500.000 muertos como efecto de la guerra. Nosotros los sentimos fuera de la comunidad religiosa a la que dicen pertenecer y no podemos considerarlos hermanos en la fe. Pedimos, asimismo, a los dirigentes de sus comunidades religiosas que utilicen toda su autoridad y tengan la valentía profética de hacer lo mismo a través de actos públicos de condena.

2. La guerra contra el pueblo irakí es una reedición de las guerras santas de la Edad Media. Bush, Blair y Aznar son los nuevos cruzados, que se mueven no por la instauración de la democracia y la libertad en Irak, sino por intereses económicos claramente confesados: apropiarse de las riquezas del pueblo irakí.

3. El ataque contra Irak constituye un acto de barbarie. Bush, Blair y Aznar son los nuevos bárbaros del siglo XXI, que deben ser sancionados por la ONU y llevados al recién creado Tribunal Penal Internacional como responsables de la masacre que puede causar la guerra..

4. Bush, Blair y Aznar han lanzado el ataque sin mandato de las Naciones Unidas, sin consulta a los pueblos a los que dicen representar e incluso contra la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, que han expresado masivamente su oposición a la guerra a través de múltiples actos y gestos de condena. Por eso deben ser excluidos de la ciudadanía y declarados personas non gratas en sus propios países y en los organismos internacionales.

5. Siguiendo la práctica de los fundadores y líderes religiosos, hemos de movilizar todas las energías a través de métodos no violentos para detener esta guerra y apoyar las movilizaciones a favor de la paz que se llevan a cabo en todo el mundo.

Madrid  21/03/03

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ECLESALIA, 23 de marzo de 2003

NO HAY MARCHA ATRÁS, HAY QUE PREVENIR EL FUTURO

MANUEL BATALLA, dominico

SAN SALVADOR (EL SALVADOR) .

No soy sino una voz más, entre los millones de voces que se dejan escuchar en el mundo, condenando la guerra que Estados Unidos “jefea” actualmente contra Irak. Como creyente, he unido mi plegaria a la insistente plegaria de otros muchos creyentes, implorando de Dios para todos los pueblos el don de la paz. Y como muchas otras personas, he recibido y enviado, compartiéndolos, distintos documentos que cuestionan o incluso condenan la política belicista del presidente de los Estados Unidos y sus cómplices.

Dios pareciera que no ha escuchado, ni está escuchando ni piensa escuchar el clamor de tantas gentes. Pero, es que quizá no sabemos pedir… y, sobre todo, quizá no hemos sabido escuchar. Hemos ido construyendo nuestro mundo, realizándonos satisfechos desde nuestra autonomía e independencia -hechas con frecuencia autosuficiencia y prepotencia- sin pensar que nuestra libertad humana y humanizadora no se realiza al margen de la voluntad del Padre y sin la docilidad al Espíritu que condujo siempre a Jesús, el Hombre Libre, la Libre Humanidad.

Por otra parte, algunas de las personas que han recibido los documentos a que me refería anteriormente, me han hecho notar que esos documentos son un tanto unilaterales, pareciendo ignorar la trayectoria y muchas de las acciones de Saddam Hussein, igualmente condenables. Esto, no obstante, no resta maldad a la acción emprendida por el presidente de los Estados Unidos.

Sigo condenando la guerra -esta guerra-, aun pensando en la más que probable esterilidad de esta condena y de estos sentimientos de muchas personas y míos. Pero también pienso que no nos debemos centrarnos exclusivamente en este asunto, como si fuésemos invitados a un espectáculo, ante el cual nos quedamos pasmados, dejando en el olvido cualesquiera otros quehaceres y problemas. Si no reaccionamos más profundamente, quedaremos como después de contemplar alguna escena dramática, es decir, habiendo experimentado una emoción que nos ha sacudido pasajeramente, pero nos deja y deja al mundo igual que antes.

Hay más guerras en el mundo, hay mucho más sufrimiento del que se airea en los medios de comunicación, y es preciso analizar y descubrir y condenar y aniquilar las causas de todas las guerras y de todos los sufrimientos injustos, entendiendo por injustos los causados por la ambición insaciable o la indiferencia exterminadora de los poderosos, pero también por las pequeñas indiferencias de cada día y por las ambiciones despersonalizadoras de los pequeños.

No es una divagación para que bajemos la intensidad en la repulsa y la condena a la guerra que ha comenzado, sino un llamado a la reflexión, al análisis y a la acción para que tratemos de cambiar el sistema de injusticia en que vivimos y podamos prevenir -ojalá imposibilitar- acciones tan demenciales como las que realizan los “grandes” del mundo.

No basta repudiar las guerras. Y en este sentido, invito a que releamos y reflexionemos los números 79-82 de la Constitución “Gaudium et spes”, del Concilio Vaticano II, donde, entre otras muchas cosas, podemos leer: “la carrera de los armamentos es una gravísima plaga de la humanidad y daña intolerablemente a los pobres” (81). “Y como la paz debe más bien nacer de la mutua confianza entre los pueblos… que el desarme empiece realmente, progrese no unilateralmente, sino a igual paso…” (82). “No nos dejemos engañar por falsas esperanzas… Sin embargo, la Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de nuestro tiempo, mientras pronuncia estos vaticinios, no cesa de esperar firmemente. Y quiere proponer a nuestro tiempo, una y otra vez, con oportunidad o sin ella, el mensaje apostólico: Este es el tiempo oportuno para que cambien los corazones, he aquí el día de la salvación” (ib).

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ECLESALIA, 24 de marzo de 2003

"EN NOMBRE DE DIOS Y EN NOMBRE DE ESTE SUFRIDO PUEBLO"
'Carta a Monseñor Romero' en conmemoración del XXIII Aniversario de su martirio

JON SOBRINO, 21/03/02

Querido Monseñor:

Con estas palabras, que todavía producen escalofríos,  terminaste tu última homilía en catedral para “pedir, rogar, ordenar: cese la represión”. Las palabras han hecho historia y son tan actuales como entonces. Hoy, mirando a 23 millones de iraquíes, que han sufrido opresiones internas, guerras y embargos, angustias y miedos, dirías: “Cesen los bombardeos, cese la guerra, cese la hipocresía, cese la mentira”.

No te hicieron caso ayer ni te harían caso hoy, pero tus palabras no fueron en vano. Nos dejan la herencia de invocar, a Dios y al pueblo sufriente, como algo último, lo que no admite apelación. Y eso es muy necesario porque en nuestro mundo no existe un referente último para apelar sin apelación. No lo es Naciones Unidas, ni la Unión Europea. No tienen capacidad para gestionar la paz, y además no tienen, en definitiva, la voluntad de poner la paz como algo realmente último por encima de sus propios interesas. Algunos países que se oponían a la guerra ya empiezan a considerar como “el mal mayor” otra cosa: el debilitamiento de dichas instituciones o el retroceso en la construcción de la gran Europa. Lo que pudiera ser el último referente es egoísta. El sufrimiento en Irak, como en Afganistán, en la martirizada y silenciada Africa , a la que están expoliando hasta del agua,  vuelve a su lugar natural: un lejano horizonte sin semblante. Y algo parecido ocurre cuando se apela a la democracia, la libertad, la legalidad internacional.

Lo que se tiene realmente por último es la seguridad propia -no la del vecino-, el buen vivir de los países de abundancia, no el sufrimiento de las víctimas, el petróleo, la hegemonía y control policial, el reparto interesado del planeta, no la familia humana.

Ante todo eso es bueno recordar que lo último sólo es Dios, y no cualquier Dios, sino aquel de quien decías: “la gloria de Dios es que el pobre viva”. Y ante ese Dios no hay apelación, como lo acaba de recordar Juan Pablo II: “quien desencadene la guerra deberá rendir cuentas a Dios”. Y ante ese Dios, ahora que tanto se discute quién está por la paz y quién no, bueno será recordar estas otras palabras tuyas teologales: “quienes cierran las vías pacíficas son los idólatras de la riqueza”, los que tienen por dios al dinero.

Monseñor, tú hablabas de Dios con credibilidad y sin usar su nombre en vano. Pero para quien no baste la apelación “en nombre de Dios”, recordemos cómo continuaste: “y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos”. Hoy sigue siendo absolutamente necesario invocar y hacer central el sufrimiento de millones de seres humanos, lo que no suele ocurrir ni siquiera en guerra. El modo como la CNN, por ejemplo, cubrió los primeros días de guerra. era insultante para las víctimas. Se mencionaban números de soldados y armas, se hablaba de la lista de los “aliados”, de los portentosos avances de la tecnología de guerra... Pero no se comunicaba el sufrimiento de hombres, mujeres y niños. Con el mismo profesionalismo se pudiera haber retransmitido un partido de futbol -y sin ocultar las preferencias. No hablaba así Jesús de Nazaret al contar la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, o la del samaritano que atiende a la víctima. Habremos avanzado en libertad de expresión -aun con las trampas de siempre- pero no en voluntad de verdad y en compasión. Esto vive de otra savia.

Hace una semana, el 14 de marzo, unas hermanas dominicas iraquíes han hecho un llamamiento a Bush y al pueblo norteamericano para que cese la crueldad. Y no lo han hecho en el distanciado lenguaje de los políticos y los medios. Esto dicen:

“El presidente Bush defiende los derechos de los animales. ¿Acaso tenemos nosotros menos valor que los animales? ¿Por qué el pueblo americano tiene el derecho a vivir en paz a salvo y en prosperidad? ¿Acaso su vida es más valiosa que la vida de otras personas, por ejemplo la del pueblo iraquí? No nos hemos repuesto todavía de la guerra del Golfo, ¿cómo podemos enfrentar los efectos de una nueva guerra?”.

Religiosas como éstas, o como las salesianas que se quedaron en Timor del Este en 1999 cuando embajadores y miembros de Naciones Unidas abandonaron el país durante la invasión de Indonesia, son las que hablan “en nombre de nuestro sufrido pueblo”. Razón tenía el congresista Joe Moakley. Cuando quería informarse sobre la situación de los países del tercer mundo no acudía al Departamento de Estado, sino que hablaba con las religiosas del lugar.

Una última cosa, Monseñor. Nunca te redujiste a condenar la injusticia y la barbarie, sino que nos animaste a construir y trabajar en defensa del pobre. En tu última homilía, poco antes de antes de caer asesinado, dijiste con gran sencillez: “todos podemos hacer algo”.

En estos días ha habido mucho trabajo y mucho amor. No se recuerdan tales manifestaciones masivas en todo el mundo en contra de la guerra, estudios laboriosos sobre derecho internacional, análisis económicos, militares, políticos religiosos, sobre los antecedentes de la crisis... No se recuerda un ecumenismo mayor entre iglesias cristianas y otras religiones. Por primera vez en la historia, prácticamente todas las iglesias de Estados Unidos y sus jerarquías han condenado unánimemente la guerra.

Por razones éticas y para que se cumpla con la legalidad internacional  Juan Pablo II y el Consejo Mundial de Iglesias han condenado una guerra preventiva, pero sobre todo han insistido en que no se puede golpear todavía más a un pueblo tan sufrido en los últimos 20 años. Es el argumento máximo: el amor, la defensa y la misericordia ante el sufrimiento de las víctimas. Han puesto en el centro de la realidad el sufrimiento y la compasión. Algunos, de los que deciden la suerte de las naciones, han abandonado Iraq, porque puede peligrar su vida y fortuna. Otros han ido a Bagdad para defender a los pobres, con sus propias vidas, de la barbarie de la guerra. Son la gente de compasión.

Hasta el día de hoy nadie ha tenido una compasión mayor que ustedes los mártires. Es cierto que aquí en nuestro país siguen siendo ignorados y enterrados por algunos impenitentes. Los que te mataron, Monseñor, y sus allegados todavía no han pedido perdón, ni siquiera han bajado un poco la cabeza con humildad para pedir disculpas al pueblo salvadoreño, sino que siguen hablando y actuando, como si nada hubiera pasado. Es el mysterium iniquitatis. Pero ustedes, los mártires, siguen vivos como quienes han sido compasivos hasta el final. Son quienes mejor ponen en el centro de la realidad y de nuestra vidas a Jesús de Nazaret .

En estos días he estado leyendo escritos de Ernesto Sábato, patriarca latinoamericano de liberación y de derechos humanos. Creo que te gustará oír lo que dice sobre nosotros, los seres  humanos, en estos momentos de nuestra historia. “Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”.

Esto es lo que quería decirte Monseñor. Interpélennos ustedes los mártires -en nombre de Dios y en nombre del sufrimiento de los pobres- a la misericordia, a la justicia, a recuperar la humanidad perdida. Entonces sí caminaremos hacia la paz y florecerá un mundo humano. Ojalá el año entrante podamos contarte cómo es ese mundo nuevo entre nosotros.

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ECLESALIA, 26 de marzo de 2003

PARA ENTENDER UNA GUERRA "CASI" INEVITABLE

JOSÉ IGNACIO CALLEJA, profesor de Moral Social Cristiana en el Seminario de Vitoria

VITORIA.

Este texto o borrador para la ocasión, bien podría titularse “verdades a medias” en torno a una guerra “casi” inevitable y lo de “casi” por deferencia hacia la libertad humana y nuestra supuesta “bondad”, pero las dudas sobre la inevitabilidad eran pocas. Veamos qué decir sobre estas verdades y mentiras, o verdades a medias acerca de una guerra:

1.        La primera verdad, tal vez sea ésta: Es cierto que Irak representa, con sus 22 millones de habitantes y 440.000 kms. cuadrados, por su situación respecto a Israel y por su centralidad en el área del “petróleo”, uno de los países a tener en más en cuenta por cualquier potencia mundial como los Estados Unidos, Europa, Rusia, China o la India. El hecho de que se trate de un país gobernado por un dictador incontrolado, con esta situación geoestratégica y económica, es algo que no puede pasar desapercibido y que constituye, al cabo, el hilo conductor de casi todo. Pero es un país soberano, y si la soberanía vale para todos, ¿por qué para éste no? El problema es, también, la soberanía.

2.        Es cierto también que Irak es capaz de desarrollar armas químicas y bacteriológicas; de hecho las ha usado en la guerra contra Irán, y parece capaz de hacerse con la tecnología y los componentes necesarios para desarrollar otras armas de destrucción masiva, armas atómicas. Esto en el futuro. Pero esto mismo lo están haciendo otros, o lo han hecho antes, pienso en la India, Pakistán, Israel o Corea del Norte entre los nuevos, y en todos los países con armamento nuclear, en Europa, además de USA. Su uso y abuso por un dictador es algo que puede ocurrir en varios sitios; y por un “George Bush”, en muchos otros todos.

3.        Es cierto que Irak podría tener, relaciones muy intensas con la red terrorista “Al Qaeda” de “Osama Bin Laden”, u otras que pudieran surgir o ya están activas, las cuales de hacerse con armas de destrucción masiva, cada vez más pequeñas y manejables, representarían una amenaza gravísima para las poblaciones de los pueblos “ricos” y, especialmente, de USA e Israel. Se ha dicho, y es verdad, que la guerra con estos medios está pasando a ser una cuestión privada, en cuanto que cualquiera puede hacerla, y que lo que podría verse en breve dejaría lo del 11S como cosa de niños. Pero el primer productor y exportador mundial de armas es Estados Unidos; y él es el primero que pone en manos de sus “aliados” la tecnología y componentes que convengan; y el primero que desarrolla las armas que le convengan sin control o límite. Todo lo que se produce en el ámbito de la “legalidad”, mediante el dinero, llega a otros destinos.

4.        Es cierto que Irak es una dictadura fuera de todo control interior y exterior. Hacia dentro, como tantas dictaduras, cruel con la oposición, pero contando con un respaldo popular asentado en la demagogia, la manipulación, la ignorancia, el patriotismo falaz y el fundamentalismo religioso... en fin, lo normal en estos casos, cuando la gente prefiere seguridad a libertad, orden público a derechos, identidad patriótica a razonamientos. Con este equipaje ideológico y político, el régimen de Sadam Husein es temible por imprevisible. Pero como esta dictadura hay en el mundo otras, comenzando por los emiratos árabes, apoyados desde Estados Unidos mientras le son fieles, y cuestionados cuando surgen problemas; luego la diferencia de trato a las distintas dictaduras tienen que ser otras que el mayor o menor abuso de los derechos humanos en esos países o el aprecio americano de la democracia por sí misma, de “los valores irrenunciables a los que apelaba la carta de los ocho presidentes europeos” del 30 de Enero de 2003, el famoso “orden”.

5.        Es cierto que las resoluciones de la ONU relativas a Irak y la destrucción de su arsenal de armamento químico, bacteriológico y, en su caso, atómico, (resolución 687, de Febrero de 1991, en particular) han sido objeto de ocultamiento, desprecio e incumplimiento por este país, lo cual es inadmisible en una sociedad cada día más convencida del respeto debido a la legislación internacional para preservar la paz. Pero tampoco esto es una novedad, en particular en el caso de Israel, o Rusia en Chechenia, donde ni las resoluciones de la ONU se cumplen, ni USA es un ejemplo de respeto a la independencia de la ONU para que formule las resoluciones que estime necesarias; es sabido que su derecho de veto, el propio de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y su peso en la financiación, además del político, marcan decisivamente la agenda de la ONU. Los propios EEUU de América se han quedado al margen de los mejores acuerdos internacionales como el de Kioto (sobre el cambio climático), o en la OMC y las trabas comerciales que se deberían superar, o la competencia del Tribunal Penal Internacional sobre determinados delitos presuntamente cometidos por ciudadanos (militares) norteamericanos. Además, Estados Unidos, tras la resolución 1441, aceptada a regañadientes, se ha reservado el “derecho” a un ataque preventivo contra Irak, haya o no otra resolución de la ONU que se lo autorice, y supongo, si fuese posible, que se lo prohíba. Como se sabe, las peores previsiones ya se han cumplido. Luego la cuestión del incumplimiento de las resoluciones de la ONU tampoco parece decisiva.

6.        Es cierto que Estados Unidos ha vigilado con lupa los perversos planes e intenciones de un dictador, Sadam Husein, fuera de todo control interior y exterior, y esto desde los años 90 y con beneficio para todos. Pero no es menos cierto, que hay una cuestión de honra nacional, (la guerra anterior no termino con el dictador de Bagdad en la calle, quizá porque no se encontró un sustituto con ventaja), una cuestión de financiación, el mundo entero abonó la factura de la guerra en la reconstrucción, y el tirón de la industria de armamentos nunca ha sido despreciable en la economía de USA. De hecho, otra vez USA tiene que hacer un esfuerzo extraordinario para mover su maquinaria de guerra, pero a la vez, y quizá primero, esta inversión descomunal de medios beneficia, ¡qué casualidad!, a las empresas y grupos económicos que apoyaron el triunfo republicano y, en particular, del tejano George Bush; y además, puede significar la renovación de su triunfo en un nuevo mandato presidencial y pone sordina a escándalos financieros (contabilidades falsas) que han afectado al círculo de poder económico en USA.

7.        Es cierto que Estados Unidos podría necesitar abordar su crisis económica con otras medidas inversoras que activaran su economía de manera más popular y tradicional, pero que nadie olvide que la industria que es “el ejército” ha terminado por ser la ventaja comparativa más evidente de USA y un poder inapelable: el que lo quiera tener, tendrá que pagarlo, las resoluciones internacionales sólo valdrán si USA las impone, pues de otro modo no hay fuerza humana que las haga obedecer. Es el problema de una soberanía internacional, muy incipiente, y la falta de una fuerza que legítimamente la haga obedecer aquí y allá. Se podría decir, por tanto, que está en juego no sólo la guerra sí o no, sino la lucha por una primacía internacional duradera; de ahí la oposición de Francia, Alemania, Rusia y China. Algunos han dicho que Francia y Alemania, además de intereses concretos en la zona del conflicto, defienden una Europa capaz de tener un “euro”, moneda internacional de pago en las transacciones comerciales, sobre todo, del petróleo, y de reserva para el Tesoro de muchos países de Asia, América Latina y África. Al cabo, USA intentaría ¡qué no cunda el ejemplo de Irak, ahorrando en euros y aceptando el euro en pago de su petróleo! No me parece una causa despreciable, dada la ventaja que el sistema actual de pagos, sin convertibilidad desde la época de Nixon, supone para el dólar USA.

8.        Esta clave internacional es, desde luego, muy importante. Caigamos en la cuenta de que mientras USA está pensando en un equilibrio mundial unitaleralista, bajo su poder, Gran Bretaña, y quizá España, están pensando en una comunidad de naciones donde la renovada ONU reconozca otros protagonismos, pero desde el multilateralismo colaborador con USA; por contra, Francia piensa más en un eje propio de la UE y Rusia, frente a USA, dando equilibrio al mundo por el camino de los contrapesos. Son formas distintas de reestructurar los protagonismos en el nuevo “orden” mundial.

9.        Es cierto que las fuentes del petróleo, por el modo de vida y desarrollo de Occidente, son hoy por hoy la primera necesidad de la economía mundial. Es la materia prima de un modelo de desarrollo basado en el consumo intensivo de petróleo y sus derivados. En manos de dictadores que decidieran a su antojo, podría destruirse el “orden” económico internacional que conocemos u otro que equilibre mejor los intereses de productores y consumidores, pero sin cambiar en lo fundamental. Como digo, unos regímenes políticos incontrolados no sólo podrían provocar una guerra de precios, sino ahogar las economías de los países desarrollados. Hablamos de una actuación caprichosa y chantajista, cosa no tan improbable en países con poblaciones sometidas y acostumbradas al sufrimiento y, sobre todo, hartas del desprecio cultural y político de Occidente en su doble rasero ante Israel y los Palestinos, y en general los pueblos árabes. Pero no es menos verdad que el petróleo está donde está y hacerse con esas reservas concretas en Irak, y en general en golfo Pérsico, cuando un barril de ese producto allí sale a 0.70 dólares, y se vende a 30 dólares, decía que hacerse con la dirección soberana sobre ese lugar supone la soberanía económica mundial en el próximo siglo. Si se suma la ventaja militar a la ventaja energética, quién podrá dudar de los intereses en juego en el evite norteamericano.

10.    Es cierto que todos los pueblos del mundo occidental ganaríamos, a primera vista y sin consideraciones de justicia, con una victoria militar rápida de USA en la zona, y con una organización más “democrática” de ese país, y de otros cercanos, asegurando el respeto de los acuerdos internacionales en la zona. La locura ideológica, es decir, el fanatismo cultural y religioso que aparece por tanto lugares del planeta, con sus secuelas de terror hasta manifestarse en los llamados “comandos suicidas” y las redes en que se organizan, es una realidad inapelable y terrible. Pero habrá muchos muertos y heridos en la población civil de Irak, de lo cual algo habrá que decir; y, en segundo lugar, las experiencias históricas de opresión y abuso económico o cultural a las que en buena parte obedecen, también hay que reconocerlas y expiarlas. Cuando USA, y a su manera Europa o Japón, se preguntan por qué nos odian, la respuesta tiene que ser todo menos la cara de ingenuidad de quien no ha roto un plato: el colonialismo, el desprecio cultural, el abuso militar y el silencio ante la causa palestina, la explotación de las riquezas por las multinacionales y la connivencia con lo peor de las élites autóctonas más indignas, algo tendrán que ver en la respuesta a por qué nos odian tanto. El victimismo es un mal consejero y suele acallar también culpas propias, pero es evidente que el odio acumulado entre los árabes, y en general, en las masas de cultura musulmana, hacia Occidente y su presunta superioridad cultural, puede dar al traste con lo mejor de la tradición de los derechos humanos universales. Otra vez, nuestra argumentación desde “el orden” exige aclarar de qué orden hablamos y por qué es “el orden”.

11.    Con todo esto, qué podemos pensar sobre la guerra preventiva, o intervención militar preventiva, contra el dictador de Bagdad, Sadam Husein, y al cabo, el pueblo iraquí, y sobre todo, sobre si es inevitable, no sólo de hecho, sino como último recurso, una vez probado el fracaso de todos los demás. Veamos mi tesis. Si hablamos de la guerra que vendrá, la guerra preventiva contra Irak, los datos y fines geoestratégicos se imponen por doquier. Hay muchas razones, y la del desarme no es mentira, pero las económicas y estratégicas, dinero y poder, lucen con luz propia y destacada. Se debe decir que la decisión de entrar en guerra, la guerra preventiva o intervención militar agresiva, ha precedido a los argumentos para probar que es imprescindible. Entonces, ¿no hay nada que hacer? Claro que hay que hacer, pero se impone hablar en clave de justicia. Y si queremos abordar directamente la cuestión de la guerra inmediata como algo inevitable, “para forzar el desarme de Irak, que la ONU exige”, no lo olvidemos, debemos decir que, sin duda, hay otros modos de responder al conflicto y buscar su resolución si guerra. Eso es la política y para eso sirven políticos y diplomáticos, y para eso sirven formas democráticas en el uso de “la fuerza” por la comunidad internacional, que están por llegar, cierto, pero que también hay que permitir e impulsar. Hemos hablado de que es necesario un nuevo orden internacional sustentado en valores como la cooperación, el respeto, los derechos humanos y el derecho internacional; hemos dicho que en se marco había que dirimir los conflictos; hemos creído que ese “orden moral y político” era nuestra obra civilizatoria; y llega una amenaza a los intereses nacionales y geopolíticos de nuestros países, y la guerra preventiva, la intervención militar preventiva (o agresiva),  nos la presentan como algo inevitable y justo. Todo esto es patético y cruel. Y merece nuestra respuesta.

12.    Debemos decir que lo que está ocurriendo es la crónica de una guerra anunciada contra un dictador, sí, pero antes contra un pueblo, Irak, la injusta guerra de una(s) potencia(s) con intereses imperiales muy variados, que ha decidido ir a una guerra preventiva que le es imprescindible para sus fines de potencia única, pero que no puede justificar lo más mínimo, como recurso último e imprescindible, porque no cumple ni uno solo de los criterios tradicionales: no hay causa justa bien clara, en el sentido de bienes o derechos esenciales sometidos a una amenaza cierta, grave e injustificada por el pueblo iraquí, ni autoridad legítima con recta intención que la declare, ni último recurso tras haberse agotado todos los medios pacíficos de solución, ni justicia clara en los fines perseguidos y en los medios a utilizar, ni proporción entre el bien que se busca y el mal que se puede causar, ni respeto del derecho internacional en todos los momentos y pasos, ni posibilidad de impedir daños indiscriminados sobre la población civil. ¡Que juzgue cada uno lo que ve!

13.    Y si nuestro pensamiento es, como a mi juicio se impone, que la guerra moderna conlleva tal grado de violencia que hace imposible su consideración como “mal menor”, verificándose en sí misma siempre como un mal y, seguramente, “el mal mayor”, digan “no” con más razón. Pero éste es otro discurso que a muchos, todavía, parece exagerado. Sin embargo hay que ir adelantándolo. El futuro, y ya está aquí, requiere el desarme de los pueblos, en sus grandes medios de destrucción, y su encomienda a la ONU como la autoridad democrática natural para la intervención humanitaria de la comunidad internacional donde sea necesario. De hecho, el “Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares”, con más de treinta años a sus espaldas, significaba la no nuclearización de nuevos Estados, ciertamente, y la destrucción de los arsenales de los nuclearizados. USA ha querido que se cumpla lo primero, olvidando lo segundo. Es un ejemplo más de la doble medida moral y política de las grandes potencias. Este compromiso antinuclear de todos, para salvarnos todos, es el comienzo de una coherencia imprescindible para hablar de “orden”.

14.    Por fin, el “orden al que apelamos tantas veces”, el que hace de punto de partida de tantas opiniones y juicios, es decir, los derechos humanos, aquello por lo que se dice intervenir, el orden democrático de los derechos humanos regulando modos de decisión e intervención “civilizados”, ¿no es cierto que para subsistir en los fines requiere que se practique en las estrategias políticas o medios? Como alguien ha dicho, ¿cuánto tiempo podremos aguantar la contradicción entre la barbarie que exige la hegemonía exterior y los principios y actitudes que requiere la vida democrática al interior? Poco tiempo, sin duda.

15.    ¿Y el estado español, con Aznar como Presidente del Gobierno? Todo el mundo ve que la posición del gobierno del PP, presidido por el Sr. Aznar, es de plena identificación con la estrategia de George Bush. Algunos han querido probar que es la misma posición de Felipe González, en 1991, pero el ex-presidente ha probado que es muy distinta (cfr., El País, 12 de Febrero de 2003). Poco a poco, además, el Sr. Aznar se ha quedado sólo en el Parlamento español y en la calle, y se ha aliado en la UE, con Gran Bretaña e Italia, frente a Francia y Alemania. ¿Cómo es posible? ¿Qué busca aislándose y “rompiendo” la UE, como promotor de la famosa carta, o como “correo”? Convendría pensar en el apoyo de USA para acabar con ETA; quizá la promesa de entrar en el G7, para que sea G8, y España octava potencia mundial; quizá la posibilidad de apoyar más la política exterior española, su comercio internacional, y sobre todo el apoyo del gigante americano en algún proyecto de inversión internacional sobre las nuevas energías (“hidrógeno”: unos 10.000 millones de euros); quizá asegurarse, con Gran Bretaña, una posición más poderosa frente a Francia y Alemania; quizá la convicción de llegar antes a la coalición donde Francia y Alemania no faltarán; quizá protegerse frente al Norte de Africa, especialmente, frente a Marruecos, y otros pretendientes a la amistad americana, y “rivales” de España frente a Francia; quizá las reservas de petróleo en la costa del Sáhara, participando con USA y Marruecos en su explotación y reparto; quizá una idea muy conservadora de los males de nuestro tiempo en clave de crisis de valores humanos y USA como oportunidad; quizá una idea de España como nación Estado, más reconocido y fortalecido internacionalmente en su unidad intrínseca. Vaya a Usted a saber qué intereses les mueven finalmente.

16.     Después de estas notas hechas a tientas, la guerra ha estallado y ¿qué decir? Llegó la guerra, ¿comenzó el silencio? No, ciertamente no. Era ilegal e inmoral, y los hechos consumados no hacen bueno lo malo. Nunca callaremos sobre esto, ni aunque la guerra sea breve, ¡ojalá!, ni aunque nos convengan sus resultados, ¡veremos!, ni aunque terminen con una dictadura, ¡cómo y a favor de qué otro "desorden"! Pero ya no podemos detenernos en el lamento amistoso o en la queja moral. Tenemos que hablar y hacer, sobre todo, hacer que dure lo menos posible, hacer que se controlen en el uso de la fuerza, hacer que se sientan vigilados por los ojos de lo que queda de comunidad política internacional y de sus tribunales de justicia; no cejar en los esfuerzos diplomáticos quien pueda ofrecerlos, hacer que la ayuda humanitaria cobre una prioridad determinante, aunque sea por vergüenza, y hacer que los efectos políticos representen el mayor provecho para los pueblos olvidados de la zona; hablar y presionar, para hacerles ver que deseamos un mundo multipolar y equilibrado en torno a la ONU, que no queremos nada que no nos pertenezca honradamente, y que las víctimas de la guerra son más nuestras que ellos mismos, aunque ellos nos gobiernen. Al cabo, sólo queremos vivir creyendo que somos humanos y ningún dolor nos resulta ajeno, y que a la hora de la verdad, nuestra primera religión, patria y civilización son los perdedores inocentes en contiendas como ésta. Deben saber, debemos hacérselo saber, que las guerras se ganan en el frente, pero se pierden en la retaguardia, y nosotros somos su retaguardia. Callar, no; hablar más que nunca y presionar como nunca para que sepan que exigimos el fin de la guerra ya, ¡es casi imposible, lo sabemos, pero éste es el realismo que no podemos consentirnos sin se de ellos!, que los frutos de su triunfo sólo los queremos si nos pertenecen y, aun éstos, no a cualquier precio y por cualquier medio; que queremos para las generaciones futuras lo que es suyo, aquí y en Irak, en Palestina y en todos los pueblos: la comunidad equilibrada de los pueblos en torno a los derechos humanos, y no el desarrollo insostenible construido sobre sangre ajena e inocente. Lo vamos a decir mil veces, no porque seamos mejores que ellos, sino porque no vemos otra manera de vivir mejor y ser mejores todos.

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